Sí, soy mujer, y en ocasiones me dejo llevar por mis sentimientos, me canso y parece que tiro la toalla. Pero en cuanto estoy a punto de abandonar, saco fuerzas de mi interior y me levanto para continuar, porque no dejaré que una decepción me derrote y me haga dejar de creer en el amor.

Sé que las tristezas son parte de la vida, y si tengo que aprender de ellas, que así sea. Pues a final de cuentas sé que todo el dolor se transformará en mayores fuerzas a mi favor que me empujarán hacia adelante. A partir de ahí, sólo miraré hacia adelante, porque visitar el pasado será una pérdida de tiempo: nunca hay que revivir los dolores superados.

Sé que soy una persona compleja y así me acepto. En ocasiones estoy tranquila, en paz, pero en otras soy un total manojo de nervios, ansiedad y sentimientos que me cuesta trabajo manejar, y si alguien va a estar a mi lado tiene que aprender a aceptar que soy así, variable, un tanto voluble, pero siempre empeñada en ser una buena persona y la mejor versión de mí misma.

Después de todo, creo en mí, en mi esencia, en cómo los rasgos de mi personalidad me definen, en cómo mis equivocaciones me dan lecciones invaluables. No me gusta imitar a los demás; disfruto la vida a mi manera, siempre lo he hecho y así seguirá siendo, y si a la persona que esté conmigo no le gusta que sea auténtica y que no siga la corriente, se puede ir a volar.

Cada cicatriz de mi alma me ha enseñado a no ser tan confiada. Ya no creo en las promesas vacías, las palabras valen cuando vienen acompañadas de hechos, no de flores. No estoy preocupada por casarme y vivir feliz para siempre, como cuento de hadas, con un príncipe azul. Prefiero comenzar una historia con una persona real, de carne y hueso, con un solo requisito: que sea capaz de entregarse con la misma fuerza y pasión con la que yo me entrego. Pero, por ahora, mi prioridad soy yo misma y así estoy feliz. Si llega el amor, llegará, no me desespera no tenerlo ya.

Como mujer, me llego a equivocar, lloro, me enojo, me asusto y me atrevo a continuar. Soy de las que cree que el amor verdadero, por encima de todo, lo que debe brindarte es paz y tranquilidad.

Si tú también eres mujer, entonces eres fuerte. No dejes que nada te detenga. Cree en ti. Cuando más fuerte es la tormenta, es porque ya se acerca la calma. Nunca te des por vencida, por más duras que parezcan las adversidades, porque dentro de ti hay una luz que te indica siempre hacia donde avanzar. Confía en ti misma y lo lograrás.

Pero, por encima de todo, ámate, porque el amor por uno mismo es la fuerza más grande que existe.

 

Autor intelectual: Carol Iturrizaga Calderón



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