Soy hermosa, linda, bella. Soy una mujer plena, inteligente, activa. No hay nada en el mundo que se me compare. Soy una reina en mi propio hogar, en la calle y en todas partes. Me he dado cuenta últimamente cómo la gente me mira cuando salgo, cómo los hombres me piropean y hasta se les tuerce la mirada por apreciar mi figura, y eso me gusta (claro, siempre y cuando no caigan en lo vulgar ni en lo ofensivo).

Soy mujer, soy perfecta, y estas palabras van dedicadas a mí, a mí que tanto las necesito, a mí que por tanto tiempo me dediqué a sobajarme, a lesionar mi autoestima con palabras hirientes. A mí que nunca me creí una persona digna de ser amada, ni de ser admirada, ni de ser apreciada por sus seres queridos. Pasé mucho tiempo desperdiciado diciéndome que no valía nada; eran tiempos difíciles, en los que las decepciones se acumulaban en mi historia, y todas ellas me hicieron creer que yo era un cero a la izquierda.

Y, ¡oh, fatal error!, lo peor que puede hacer una mujer deprimida es creer que para salir del hoyo en el que se encuentra necesita de un hombre, un héroe que la rescate, un Superman que llegue y la lleve a volar muy alto para olvidar sus penas, sus decepciones y sus equivocaciones. Y en ese error yo caí, por mucho tiempo dependí de un hombre, y mi autoestima dependía de que él me dijera que yo era el amor de su vida, de que me reafirmara mi autoconfianza diciéndome que yo era bonita, que yo era inteligente, que yo sí valía la pena como mujer. Hasta que él me abandonó… entonces se imaginarán el dolor y la decepción tan grande que me llevé. Mi amor propio se fue por los suelos y mi sufrimiento parecía no tener fin.

Pero un buen día recapacité y me dije: ¡basta! ¡Basta de ser una muñeca de trapo con la que los sentimientos juegan como quieren! ¡Es hora de superarme a mí misma! ¡Tengo que vencer mis miedos y recuperar el control! Y así lo hice. Poco a poco fui trabajando en mi autoestima, yo sola, sin ayuda profesional, simplemente dándome cuenta lo valiosa que yo soy.

Y ahora heme aquí, con este mágico resplandor que ilumina a donde quiera que voy. Me siento creadora, creadora de amor y de belleza. Armoniosa es mi hermosura de los pies a la cabeza, y no, no es arrogancia, es simplemente amor propio, y todas las mujeres deberíamos sentirnos hermosas, así como yo me siento.

Te invito, mujer, a amarte a ti misma, a sentirte bella, preciosa, inteligente y única.

Autor intelectual: Sandra Estévez



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