No me considero como de las chicas que viven en una hermosa burbuja rosa, llena de amor, romanticismo y cursilerías, de hecho creo que soy de le suelo repelerlas, muchos dicen que estoy amargada, y puede ser, pero la verdad es que no he tenido ese sentimiento de cegarme de amor por alguien, de sentirme incondicionalmente apoyada como para decir que el amor existe. He tenido algunas relaciones, sí, y no me cierro a la idea de la jamás amada, pero precisamente por esas relaciones que han llegado a mi vida, de doy cuenta que muchas personas llegan a ti por alguna razón, hacen lo propio, y se van, unas solo llegan a tatuarte el alma con su ausencia y recordarte el por qué no te entregas.

Creo que soy de las que odian el amor, pero quisieran de verdad ser amadas, aunque más que odio es falta de comprensión, a veces resulta tan complejo, y las barreras inconscientes que nos ponemos para evitar ser lastimadas, y sin darnos cuenta, huimos de las personas que en realidad nos pueden llegar a amar, pero el radar a veces falla y llega quien se gana tu confianza solo para darse cuenta que es momento de defraudarla y hacerte llorar.

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 Ahora que lo veo, creo que nos pasamos algunos años de nuestra vida esperando de más de las personas, esperamos que pese a todo alguien, sin saber quién, se quede con nosotras para afrontar las adversidades, pero si seguimos así, ahora si viviremos amargadas, tristes y dejaremos pasar la felicidad mil veces frente a nosotros sin darnos cuenta.

El dolor, a final de cuentas es inevitable, pero si podemos elegir quien y cuánto daño nos hacen, definitivamente dentro de mi corazón, y por debajo de esa careta de fría y sin sentimientos, de verdad quiero darme la oportunidad de amar con fuerza, de permitir que me amen, pero el miedo no me deja.

Ser de las que dicen que odian el amor pero desean ser amadas me está alejando de la felicidad.

Seguro más de una se identificó conmigo, ahora nos toca abrir el corazón, de nosotros depende dejar entrar eso que añoramos pero nos da pavor conocer.



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