Estoy un poco cansada, lo confieso, cansada de tener que dar explicaciones de por qué llevo un tiempo considerable soltera y también de recibir consejos y opiniones no pedidas, de cómo o qué debería hacer para encontrar pareja.

Ciertamente hay momentos en los que provocan que me cuestione, sin embargo, he logrado mantenerme ecuánime y defiendo mi decisión de estar sola.

No tengo porque demostrar a nadie que soy alguien, solo si estoy en pareja, mucho menos, permitir que la presión absurda de quienes me rodean, decida las formas y maneras en que debo conducirme, para favorecer la idiosincrasia de la sociedad, como si estar soltera, significara no ser alguien en la vida.

Lo que la sociedad no comprende, es que el que alguien después de cierta edad se dé su tiempo para analizar su propia vida y visualizar cómo desea verse en un futuro, viene añadido a la madurez. Es imposible que lo comprendan, pero me tiene verdaderamente sin cuidado. Estoy soltera… Sí, y seguiré así hasta que yo lo decida. Sólo yo sé, cuándo diré… Sí.

Muchas veces me he preguntado: ¿Es verdad que soy una mujer muy difícil?, ¿Exijo demasiado en un hombre?, ¿Descarto muy pronto a posibles prospecto de pareja?… y en realidad mi respuesta, es un rotundo NO; por el contrario pienso que no es que yo sea complicada, especial o demasiado rígida o exigente, de ninguna manera, lo que hace la diferencia es la seguridad que tengo en lo que deseo, quiero y necesito de un persona que pretenda estar junto a mí en una relación.

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¿Por qué he de ir a pararme a un bar, café o biblioteca para buscar una pareja? como si se tratase de exhibir una pieza de algo que se quiere ofrecer a la venta. ¿Por qué he de permitir que mis amistades o familiares me organicen una cita a ciegas? si, una cita con aquél hombre que tampoco ha tenido pareja en el último tiempo y que tiene casualmente las cualidades que “creen” que compaginan con las mías.

No creo en recetas mágicas, creo en los momentos justos y situaciones fortuitas, esos momentos en los que vas por la vida sin buscar algo en particular y sin embargo sucede algo que cambia tú vida. El secreto consiste en la fortuna que tengo de conocerme, de saber quién soy, qué es lo que busco y quiero encontrar en alguien; hoy por hoy, tengo la fuerte capacidad de reconocer si descarto o tomo en serio a una persona que se interese en mí.

La vida me ha enseñado que no tengo porque conformarme, no tengo porque sentirme culpable si alguien no cubre mis expectativas y mucho menos fingir empatía con quien no la siento.

La madurez también se trata de serme fiel a mi misma; esto es, tener la seguridad de decir NO. No temo a ser clara, no dudo ni un segundo en expresar lo que pienso y siento. Quién desee estar a mi lado deberá saber, que si lo acepto es porque voy a trabajar duro en permanecer con él.

He llegado a un punto en la vida donde ya no puedo permitirme entrar en un juego con alguien, ya no tengo la capacidad de tolerar faltas de respeto o deshonestidad; ya he tenido suficiente de eso. Necesito a mi lado a un hombre con mi nivel de madurez y compromiso, alguien con la fortaleza suficiente de querer ir a mi lado, rumbo a una vida plena.

He estado sola por algún tiempo, eso no está mal, ese tiempo me ha permitido crecer, conocerme, observar lo que sucede a mi alrededor, experimentar en cabeza ajena, porque ¿quién dijo que nadie aprende en cabeza ajena?… Esto no es del todo cierto, ya que el cumulo de experiencias pasadas, más la suma de lo que tus ojos ven que sucede a otros, sin duda, te muestra mucho y debes aprender de ello. Yo lo hice.

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De ninguna manera pienso que todos los hombres sean iguales, aun que varios se empeñaron en el pasado, en demostrarme lo cierto de ésta hipótesis. Estoy contenta de poder decir, a modo de presunción, que he pasado por varios fracasos; me han defraudado una buena cantidad de veces, he sido traicionada y también he pasado por aquel momento, donde el hombre de tú vida te dice “ya no te amo”. Si… de verdad lo tengo que presumir, porque esos hombres fueron el medio para convertirme en quien hoy soy.

A todos esos hombres de mi pasado, les agradezco sus despedidas. Cuando ellos se fueron, me dieron la oportunidad de avanzar, de conocer a otros hombres y tener nuevas experiencias. Fue difícil  superar a la mayoría, pero cada vez fue más rápido y absorbí lo más que pude de ellos, de cada experiencia, quedándome con todo lo bueno y desechando lo malo. No hay odios, no hay rencores; estamos en paz, o al menos yo lo estoy.

No espero al príncipe azul, tampoco espero que un zapo se convierta en mi príncipe, mucho menos espero que llegue a mi vida el hombre de mis sueños. Sólo espero coincidir con un hombre que venga de una vida, donde las mujeres de su pasado, le hayan mostrado el camino que habría de seguir para llegar a mí; porque ambos nos merecemos estar juntos, en igualdad de circunstancias, en igualdad de expectativas y lo más importante, con la misma hambre de amar y compartir.

Sé que a ese hombre no lo encontraré en un bar, en un café o biblioteca, no… tampoco lo encontraré en ese amigo soltero de algún conocido en una cita a ciegas; estará en mi vida, en el lugar menos esperado, el día menos probable, pero sobre todo, aparecerá en la casualidad más insólita de nuestra vida.

 

Por: Laura Calderón



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