Estas sensaciones que tú me provocas no las había sentido por nadie más en mi vida. Son totalmente nuevas para mí, pues contigo exploré mi interior de una manera novedosa, me has hecho vibrar con mil emociones y eso, mi amor, me ha vuelto adicta a ti, a tus sabores, a tus placeres, a tu gusto, a tus encantos.

En ocasiones pienso que eres como un huracán que ha llegado para hacer de las suyas en mi corazón, para venir a alterar todo el orden que había aquí dentro, toda la calma de mi espíritu, una calma que, dicho sea de paso, era muy aburrida, un tedio que yo ya no toleraba. En cuanto llegaste tú conocí las fuertes sacudidas de un amor que es todo pasión, pero a la vez toda ternura, pues si bien me puede llevar al éxtasis con fuego y embestidas de tigre, también me puede intoxicar con caricias y dulzura después de una noche pasional. ¡Y esa dualidad en ti me encanta, sencillamente me encanta y no puedo dejarla jamás! Por eso soy adicta a ti.

A veces creo también que eres como una estrella fugaz, porque, como todo vicio, el mío por ti es desesperado, y mientras te veo pasar por el firmamento de mis horas, soy la mujer más feliz del mundo, la que más sonríe, la que canta y baila y goza con el fulgor de tu presencia. Pero en cuanto te vas, en cuanto tienes que salir para dirigirte a hacer tus actividades cotidianas, te llego a extrañar a montones. No tienes idea de cuánto me duele no tenerte a cada instante a mi lado, y es que en verdad quisiera ser una contigo, estar pegada a ti todo el tiempo, que fuésemos un solo cuerpo para compartir la existencia perpetuamente y no despegarnos nunca más. Respirar el mismo aire que respiras, comer lo que tú comes, beber lo que tú bebes, bañarte con la misma agua que te acaricia.

¿Será que hago mal en amarte tanto, en desearte tanto, en quererte tanto? Es que para mí, mi amor, tú eres como una bebida refrescante en pleno desierto, que me devuelve la vida y el aliento y me da ánimos para poder continuar y seguir adelante para llegar a mi destino. O, por el contrario, eres como una rica taza de chocolate caliente que me conforta y me da calor en una helada noche de invierno, cuando la nieve cae y todos se mueren de frío.

Eres mi adicción, no lo puedo negar, una adicción de la cual no me quiero recuperar. Y tenerte a mi lado es una fortuna, lo más grande que me ha pasado. Que me ames como lo haces, que me enciendas como sólo tú lo sabes hacer, que me des tu ternura y tu cariño, eso, mi amor, es una bendición para mí.

Autor intelectual: Rita Gómez Llanos



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