Oh, Luna mía, no seas cruel conmigo y dime, ¿dónde está ese hombre que durante estos años he estado buscando desesperadamente, aquí en mi soledad, y no he encontrado, por más que recorro todas las calles, por más que salgo con mis amistades a todos lados, por más que me pongo en situación? Dímelo, Luna, porque a veces pienso que sólo estás jugando conmigo, con mis sentimientos.

Tú que iluminas el firmamento nocturno, muéstrame, por piedad, la estrella que ha de ser para mí. Es que, habiendo millones de galaxias, y ellas conteniendo millones de estrellas, ¿no habrá acaso alguna que esté destinada para mí? Por favor, Luna, no me hagas sufrir más.

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¿Será en verdad que no hay ningún astro que ilumine mi vida, que me haga feliz? ¿Será que no existe hombre que venga a poner una sonrisa en mi rostro, que sea el motivo de mis alegrías, que me quite el peso de estas penas que cargo día a día desde que mi soledad se ha vuelto mi única compañera?

Dime, Luna, por qué me atormentas, por qué aún no envías al indicado, ¿qué te cuesta? Tú que eres la madrina de tantos amores alrededor del mundo, que has bendecido a tantas parejas, que eres el verdadero Cupido, ¿por qué no apartas un amor para mí y me enseñas el camino hacia él?

¿Acaso el mensaje que me estás mandando es que tengo que conformarme con mi soledad? ¿Es eso? ¿Estoy destinada a vagar por el mundo sin un amor que me quiera, que me bese, que me abrace, que me acaricie y que me brinde toda su ternura? Dime que no es así, cruel Luna, porque no lo soportaría.

Yo crecí creyendo en la idea de que, en algún rincón del mundo, siempre hay alguien indicado para cada uno de nosotros. No te pido que me lo pongas enfrente. Sólo te pido que me muestres el camino que me lleva hacia él, no importa si es al otro lado del mundo, por él cruzaría los siete mares, mira que le amo tanto sin conocerle que ya soy capaz de hacer ese sacrificio.

Luna, hoy te veo más brillante que nunca; dime que es una señal de que se acerca el día, de que el amor está próximo. No pierdo la esperanza, Luna, y aunque a veces me desespero, sigo mirando al firmamento, y te sigo pidiendo, oh, faro de la noche, que esta vez sí sea la buena para mí.

Autor intelectual: José María



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