Puede que el amor sea uno de los motores de la civilización, que se ha enraizado en lo más profundo del corazón de los hombres. Porque por amor hacemos cualquier cosa, escalamos la montaña más alta, cruzamos los siete mares, llegamos a la luna si es preciso. Pero el amor no puede salvarnos de nosotros mismos. Nuestra complejidad, los complicados movimientos de nuestra mente y nuestras trabas emocionales son enfermedades incurables. Somos seres que cargamos una pasión estática y la transmitimos por todos los poros de nuestro cuerpo… pero por ninguno de esos poros sale el amor.

El amor se manifiesta sin que nos demos cuenta de ello, lo presenciamos pero no lo comprendemos, lo sentimos pero no podemos analizarlo. En una relación de pareja, el amor no lo es todo, no lo puede todo y no lo aguanta todo. Sé que esto contradice la definición bíblica del amor todopoderoso, pero así es como hemos tejido la realidad de nuestro mundo actual. El amor no basta para satisfacer a nuestra pareja, para formar una familia completa o para alcanzar una felicidad plena. Quizá a muchos no les guste escuchar esto y sea difícil de digerir, pero es nada más que la verdad de nuestros tiempos.

El problema está en que siempre pedimos algo a cambio cuando entregamos nuestro amor. Quizá nos cueste trabajo admitirlo, pero esa es la sustancia del enamoramiento. Nunca nos enamoramos desinteresadamente, no, siempre queremos recibir una compensación, pero no cualquier cosa, no, deseamos recibir justo lo que tenemos en mente, y he ahí la raíz de muchas de las insatisfacciones del hombre contemporáneo. Nos olvidamos de que hay una dimensión totalmente diferente a la nuestra y que tenemos la capacidad de expresar un sentimiento sin palabras y con acciones inesperadas. Si tan solo fuéramos capaces de ver más allá de las palabras dichas o escritas, podríamos disfrutar del amor plenamente sin exigirle lo que no puede darnos.

Sólo amar nunca será suficiente, pero no hay que lamentarse por ello, la verdad es que no es necesario que sea suficiente. Más allá del amor, hay todo un mundo de acciones, experiencias y situaciones ordinarias que hacen que esos “te amo” funcionen tal como siempre lo hemos imaginado.

Autor intelectual: Paul E. González



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