Creo en lo hago, conozco mis debilidades y mis fortalezas pues lucho con ellas a diario, porque no hay mejor entrenamiento que vivir en este mundo material y querer ser parte de él. No temo a las equivocaciones, no temo a los retos porque el temor los convierte en límites, en muros imposibles de saltar, temo al miedo porque entonces sí sé que los imposibles vienen a mí como moscas a la miel. No soy de las que se intimidan con las negaciones, con las prohibiciones o con los estándares de lo correcto y lo incorrecto, pero el rechazo en mi peor enemigo; no sólo mío…

Hay un sinfín de compromisos, de retos, de obstáculos, de responsabilidades que todo el mundo espera que cumplamos, no somos las únicas porque allá afuera el mundo intenta librar dos batallas; la propia y la impuesta. Me niego a los debates, a las opiniones contrariadas, no hace faltan. Basta con recordar la última vez que se hizo algo para quedar bien con el mundo y olvidarse del deseo propio. No importan los moretones, no importan las caídas, no importan las lágrimas; no es necesario que el mundo entero sepa lo que sucede, límpiate la cara, sacude las rodillas, arriba, de pie, con la mirada al frente y agárrate de donde puedas, que por fin se note de que estas hecha y demuestra todo lo bueno que puedes hacer aún sin darte cuenta, porque nadie te va a resolver nada, porque nadie se va interesar por ti más de lo que tú deberías. 1

No cedas la responsabilidad de tu persona a quien no te aprecia, quierete tú y sin compasión de nada vive, sin temores respira, sin miedo haz lo que tengas que hacer para aprender de las lecciones doloras que son poder evitarlo la vida impone a conveniencia.



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