La necesidad de complementación psicológica que los varones y las mujeres tienen entre sí, se explica por el mito andrógino (ser que poseía sexo femenino y masculino), expuesto por Platón, quien es el primero en afirmar que, cada uno de nosotros,“no es más que una mitad de ser humano, que ha sido separada de su todo como se divide una hoja en dos.”

En su momento afirmó, que en el origen, el ser humano poseía 2 cabezas, 4 brazos y 4 piernas, una vez entraron al olimpo, al percatarse Zeus del poder de estos seres, decidió separarlos, les lanzó un rayo y ahora pasan la vida buscando su otra mitad.

Eso del lado occidental del continente, pero ésta creencia no reside solo en una parte del mundo, pues en el país del sol naciente, Japón, también existe otra leyenda que mantiene firme esta idea de dos seres consignados a estar juntos por orden del destino, y de un hilo rojo prendido de su meñique.

La leyenda del hilo rojo

Esta leyenda tiene su fundamento científico, al descubrir que el dedo meñique conecta con la arteria principal del corazón, y aunque los verdaderos sentimientos surgen del hipotálamo, de manera romántica se crean unas historias al respecto, incluso por eso prometen fuertes cosas entrelazando sus meñiques, en este país de oriente, es firme la creencia de que al momento de nacer el vínculo con esas personas está dicho pues un hilo rojo imperceptible para los ojos pero visible para el alma los une por toda la eternidad.

Una de las románticas historias de la vida en pareja, cuenta que un anciano habitante de la luna, cada noche baja a la tierra a buscar esas almas que están destinadas a estar juntos y las une de los meñiques con un delgado pero fuerte hilo rojo.

Pero la historia que tiene más peso entre los orientales y que más veces es contada, es esa que cuenta que un poderoso emperador, se enteró de la existencia de una bruja que podía ver ese hilo rojo que unía a las almas, por lo que la mandó llamar para que terminará con su interminable búsqueda del amor, convenció a la bruja, y siguió la línea de su destino hasta ver que terminaba en una bella campesina que con su bebé en brazos, ofrecía sus productos.

Cuando el emperador, fue llevado hasta el mercado en donde estaba la campesina, la bruja le pidió que se pusiera de pie, y le hizo ver al emperador que ahí terminaba su hilo, rojo que ahí estaba su futura esposa.

El soberano se sintió ofendido, molesto empujo a la comerciante aún con su pequeña en brazos quien cayó y termino con una fuerte herida en la frente, y ordenó a sus guardias le cortaran la cabeza a la charlatana bruja.

Tiempo después, era necesario e irrefutable que la vida del emperador se uniera en matrimonio, y la candidata era la hija de un poderoso general, cuando está fue presentada al sultán, vestida con un hermoso manto que la cubría de pies a cabeza, el emperador descubrió su rostro y al ver a la chica por primera vez, resultó que la hermosa mujer tenía una peculiar cicatriz en la frente, lo que de inmediato remonto al emperador a aquel día en el mercado a donde lo llevó la bruja.

Con esto nos queda claro que aunque somos a la vista seres completos, nuestra mitad está rondando por ahí si saber que lo buscamos, pero tarde o temprano, sin importar que el rayo del poderoso Zeus nos separó o el hilo rojo del dedo chiquito es lo suficientemente largo para perderlo de vista, las alamas están juntas por decreto del destino, no podemos escaparnos del esa ser de cierta forma termina por completarnos.

La leyenda del hilo rojo

Sin importar si son naranjas, peras o limones nuestra mitad está por ahí, poco a poco se tensará el hilo rojo del meñique y los dos volveremos a ser uno, el hilo rojo podrá estirarse, o enredarse pero JAMÁS VA A ROMPERSE.



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