Hace casi un año que te conocí, te reconocí de inmediato como esas piezas que encajan perfectamente así fue nuestro encuentro, no sé si exista una vida pasada pero ese día conversamos como si nos conociéramos de años. Ese día programaste mi mente para recordarte cada Domingo y desde entonces esa se ha vuelto mi día favorita.

Eras el chico perfecto, tu sonrisa, tus chistes malos, tu forma de ser, mirarme en esos ojos cafés se volvieron mi vicio más común, verte a diario era mi actividad preferida, recordarte cada domingo mi pasatiempo favorito.

Pasó un mes y nuestros rumbos tomaron caminos diferentes, la distancia se convirtió en nuestro enemigo principal, conforme te ibas ausentando el deseo iba creciendo, perdón no pude callarlo un día cualquiera me anime a escribirte y confesarte lo que sentía por ti, no estaba en la mejor de las situaciones para confesar algo de tal magnitud, sin embargo no podía guardar más el secreto, mis ojos te extrañaban, mis oídos necesitaban escucharte y ¿mi cuerpo? se encontraba desesperado imaginando tus manos acariciando cada parte de el.

Finalmente pasó, tu respuesta fue la esperada y tú también te sentías igual, sé que llegue en el momento incorrecto a tu vida y tú a la mía, no había espacio para un nosotros.

Sin más que decirnos, retamos al tiempo, al destino, a nosotros mismos y el tan esperado día llego. Nos encontrábamos en esa habitación encerrados en cuatro paredes que pudieron presenciar lo que paso en esa tarde. El mundo se detuvo y olvidamos el camino que cada uno ya estaba recorriendo por separado. Me sentí tuya y tú fuiste mío por esas horas, recuerdo cada caricia, cada punto en el que pude apreciarte, sabía que no sería la primera vez que pasaría, pero también sabía que no sería para siempre.

Los encuentros se fueron dando más seguido; el lugar no importaba, en donde pudiéramos parar a disfrutarnos lo hacíamos, nada nos detuvo, ni las situaciones que nos acompañaban, ni la distancia, ni el tiempo. Han sido los mejores encuentros que he vivido y jamás los olvidare. En tu nombre llevas ese objeto que nos une.

Duele saber que no podremos gritar al mundo esto que sentimos, cada uno ya se encontraba recorriendo un camino, nos encontrábamos a punto de iniciar las etapas más importantes de nuestras vidas; TÚ como padre de familia y YO como esposa.

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El destino no ha sido fácil para nosotros, hemos tenido que aceptar todas estas situaciones. Hoy estoy disfrutando de tu compañía, pero a la vez estoy a punto de conocer al ángel más hermoso y vivir la dicha más grande que pueda vivir cualquier mujer. Aquí ya no somos cuatro, pronto seremos seis y esta situación nos aleja más de aquella posible ilusión de ser algo más.

En mi memoria se quedan todos esos momentos que vivimos, no me olvides, recuerda que tenemos una cita en el próximo año bisiesto. Espero llegue la despedida y sea tan sorprendente como el comienzo. Viviremos cada uno su camino, pero siempre estaremos bajo la misma LUNA. Tu representando ese astro que ilumino mi vida y yo siendo esa estrella que siempre se encuentra a su lado.

Uno puede amar muchas cosas; como el olor a las flores, a los días de invierno, el amor a los viernes, amar una buena pizza o amar tu fruta favorita. Yo descubrí que aparte de todo eso; TE AMO A TI.

Anónimo.



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