Dicen que cuando una puerta se cierra otra se abre, y yo estoy aquí, con la puerta cerrada ante mis narices, pero dispuesta a abrir un millón de ventanales con una sonrisa. Sí, permanecí a la deriva por un tiempo, no veía más allá, no existía una casilla denominada salida y caí de lleno ante la frustración de pensar que no saldría de esta jamás; Mi cuerpo no respondía ante todo lo que me estaba sucediendo y mi mente se esforzaba en hacerme creer que todo estaba perdido, no había vuelta atrás.

Y es ahí cuando reaccionas, te das cuenta de lo planeado que estaba todo, era un manual de instrucciones que indicaba las pautas a seguir; así es, las coordenadas de tu vida se plasmaban en un mapa absurdo, hasta que la dirección cambio radicalmente, el timón se averió y se esfumaron todas las ilusiones, que locura la mía el pensar que nada es cambiante.

Me convertí en mi propio enemigo, estaba vacía, sin esperanzas, no podía concebir que lo que un día había escrito podía romperse.
Te sientes frágil, vacía, intoxicada de desesperanza, eres tú contra el mundo, mientras te muestras ante todo con una sonrisa de oreja a oreja, de esas que sólo tú sabes que no son verdaderas. No quieres que nadie te vea así, pero por dentro gritas un sonoro auxilio, estás esperando a ser rescatada y nadie oye tu llamada.
Quizás la clave está en no esperar, en huir, escapar de ese bucle de malas vibraciones; Nadie llegará con un botiquín de emergencias para curar las heridas que llevas a rastras, ahí está la cicatriz, pues tú eres la cura perfecta para que sane, ahora, el poder está en ti, o la cierras totalmente o dejas que siga abierta.

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Es una manera de vencer, darle una patada bien fuerte al dolor, ganar la batalla contra tus pensamientos y lo que es la realidad, aceptar que lo que llegará es mejor que lo que se fue. Ahora la calma es la inquilina de mi vida, no te negaré que los recuerdos a veces acechan, pero les saludó y dejó que vuelvan a marcharse. Así es, reacción, cambio y estabilidad, pero primero deberás asumir que somos mutables y de un momento a otro el plan se tuerce y debes tomar una opción, permanecer a la deriva o escribir una nueva historia.

Por: Ariadna López Bratlle.



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