¨Soy una mala mujer porque no me dejo, porque no me quiebro, porque me sacudo las lágrimas, me acomodo el escote y sigo para adelante, por eso soy una mala mujer, porque no nací sumisa, callada, quieta y frágil, sino soberbia, entrona y estridente, porque cuando llego se nota y cuando me voy se siente¨. –Male Capetillo Cabrera

Quisiera decir que siempre me he podido describir así, que siempre he sido esa ¨mala¨ mujer y que siempre he tenido en mis manos el timón de mi vida. Sin embargo, hasta hace algún tiempo era otra. Una chica tan loca movida por sus impulsos, tan espontánea e irracional, amante de los riesgos y la adrenalina, sin miedo a nada y viviendo la vida con alegría, creyente de que el amor siempre es y será el mejor motor, que no hay mejor estado de ánimo que el estar enamorada y que la verdadera felicidad te la da el ser amado. Pero entonces, un día inesperado todo cambió.

Dicen que de los errores se aprende y que uno viene a este mundo a equivocarse, sin embargo, comencé a equivocarme con mucha frecuencia y lo peor era que parecía no aprender de cada tropiezo. Comencé a amar a personas que no lo merecían, comencé a olvidarme de amarme a mí misma. Empecé a dar todo a manos llenas y a cambio sólo recibía falsas esperanzas, mismas que se esfumaban, inclusive llegué a conformarme con migajas. Tonta e ingenuamente siempre estuve ahí para aquellos que me necesitaban y cuando yo los necesité… se marcharon. Me entregué entera sin importar que conmigo se dieran a medias. Me esforcé por dar siempre la mejor versión de mí, por hacer de lo imposible lo posible y perdoné tantas veces que perdí la cuenta y en mi menor error, sólo fui juzgada.

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Fui de las mujeres que se entregan completas, que saben amar como ya pocos merecen. Fui de las que conquistan con detalles, con tiernas palabras y dulces mensajes, de las que muestran preocupación e interés por el ser amado, de las que aunque la situación se ponga difícil no se hace a un lado. Esas que siempre están disponibles para el que aman, que lo anteponen hasta por encima de sí misma. De las que dan a manos llenas. De las que regalan sueños y sonrisas. Fui en algún momento, pero ahora ya no. ¿Qué me pasó? Dejé de creer en el amor, me rompieron una y otra vez el corazón. –Stepha Salcas

No puedo deducir en que momento me perdí, mis conquistas comenzaron a ser mal elegidas. Comencé a pensar en el pasado y aunque ya no tuviera nada nuevo que contarme u ofrecerme, volvía allí por alguna extraña razón. Y por más que me rompieran, continuaba creyendo en el amor, me entregaba aun con mis heridas abiertas y tontamente tal vez por miedo a la soledad o al qué dirán, comencé a aceptar amores pasajeros, de esos por los que no puedes dar más de un peso. Amores que al final de cuentas solo deseaban una cosa: mi cuerpo. Creí mentiras y perdone errores, errores tan graves que más me rasgaban el alma. Perdoné engaños y entre tanta estupidez, comencé a bajar la mirada y tragarme palabras, todo por el maldito temor a la soledad.

No culpo a nadie, las malas decisiones las fui tomando yo y con ellas cada vez me rasgué más el corazón. Y un día ya no pude más, me rompí completa, toqué fondo e hice trizas cada parte de mí ser. Me ahogué con mis propias lágrimas, escondí las sonrisas y tiré a la basura las esperanzas. Cada uno de mis sueños se esfumó, perdí el brillo de mi mirada y mi sonrisa simplemente se apagó. Llegué a odiarme tanto como nunca había odiado a nadie, no podía creer cuántas veces me fallé, cuántas veces me decepcioné, cuántas veces me prometí y no me cumplí y cuántas veces dije que sería la última vez y no fue así. Y así fue como me convertí en otra mujer, una completamente distinta a la que fui. Mucho me costó levantarme pero finalmente me reconstruí. Dicen que me volví fría, insensible y seca, pero nadie sabe que hay detrás de mi nuevo yo y cuántas cicatrices llevo en el corazón. Me prometí no volver a llorar y ésta vez me lo he de cumplir. No me he de volver a fallar, no he de volver a sentir ninguna emoción, no he de abrir otra vez mi corazón.

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¨La mayoría determina que detrás de una persona fría sólo hay una mala experiencia en el amor pero…¨

La mía no había sido sólo una mala experiencia, eran muchas, tantas que perdí la cuenta. Fueron muchas traiciones, muchas mentiras, engaños, tantos dolores que creo que finalmente me anestesié. Hoy finalmente el sol ha salido nuevamente para mí y es que puedo ver que nunca merecí lo que viví. Yo me entregaba sinceramente y a cambio sólo recibía traición. Y como si fuese un mal chiste siempre se repetía la misma acción, pasaba inesperadamente a ser la segunda opción. La mujer que los reconstruía pero a la cual destruían.

Ahora la nueva mujer que soy, la ¨mala¨ que la gente apoda, se ha olvidado completamente de amar, definitivamente me rehúso a algún día volverme a enamorar. No deseo sentir, no deseo confiar y no deseo volverme a entregar jamás. Y es que cuando se ama de la forma en que amé yo y se deposita toda la confianza en el ser amado y sólo te lastiman y te rompen el corazón, difícilmente uno puede creer que la próxima vez no será igual. Yo simplemente ya no me arriesgo y ya no me la juego por nadie, la apuesta más alta la he hecho por mí misma y no he de perder esta partida.

No he derribar ningún muro que he puesto en mi corazón, mucho menos para que en él entre cualquier ¨cabrón¨. Todos dicen que soy mala, pero se perfectamente que sólo sigo lastimada aunque aparentemente ya no. Me pesa el pasado y tengo heridas que aún no han cicatrizado. Muchos podrán criticarme o juzgarme pero aprendí que nunca debe de importar el qué dirán, nadie conoce verdaderamente mi historia y por todo lo que pasé para ser llamada ¨una mala mujer¨. Sólo yo me puedo juzgar, me puedo aplaudir y me puedo alentar a continuar, sólo yo conozco mis demonios, mis miedos, mis sombras y cada herida que tengo. No importa lo que digan los demás, fui y tal vez aun soy, una mujer con una gran capacidad para amar.

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No he de negar, que pasado el tiempo me he vuelto a entusiasmar, pero siempre ocurre lo mismo: salgo huyendo apenas me despiertan algún sentimiento. Si, ¡soy una cobarde! Que no le hace frente a lo que quiere y siente, pero no he de permitir que alguien me vuelva a lastimar y eche abajo lo que tanto me costó levantar. Sé que dentro de mí aún está la mujer que alguna vez fui, sin embargo, de ahí no habrá de salir. He elegido la libertad y soledad a costa de mi felicidad, sin importar que muy en el fondo desee volverme a enamorar y entregar. Hoy mi libertad e independencia aleja a los hombres, no importa cuánto luchen por quererme conquistar, en mi predominan el orgullo y la soberbia, la seguridad, la rebeldía y desinterés. Me he de olvidar del sueño de ser amada, respetada y valorada, a veces hay precios altos que pagar, y yo lo he de pagar con tal de que no me vuelvan a lastimar. Me hirieron tanto que el amor perdió encanto y tal vez falsamente soy feliz, mostrándome así como una ¨mala mujer¨, aunque por dentro sólo sea un alma rota deseando que la vuelvan a reconstruir.

Tal vez un día lejano pero lo hará, ella volverá a amar. Terminará por bajar la guardia ante un hombre que de verdad la quiera conquistar, un hombre de verdad, que desee amar y ser amado, que la valore, la respete y la haga sentir especial a diario. Un hombre que le demuestre que no todos son iguales. Un hombre que le lama heridas y la sane. Que la proteja incluso de ella misma y que con paciencia y amor la ayude a ser, la mujer que alguna vez fue.

Autor: Stepha Salcas



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