Estos días han sido tormentosos para mí, he estado tratando de acomodar mis sentimientos, mis pensamientos, he estado titubeante ante lo que debo de hacer con tus cosas, si las guardo, las tiro, o te las regreso, he tratado de darle sentido a lo último que ha acontecido entre nosotros y he tratado de entender en que momento todo se rompió, porque yo no sentí un bajón entre nosotros, no hubo ningún problema o discusión, simplemente llegaste y me dijiste que era tiempo de terminar y que las cosas entre nosotros simplemente no iban a funcionar.

Una parte de mi agradeció tu sinceridad, a pesar de no poder dar crédito a lo que estaba escuchando, no entendía él porque ni cuando fue que te perdí, pero cuando comenzamos a salir nos hicimos la promesa de decirnos abiertamente cuando las cosas ya no fueran bien, y en el caso de que alguno dejara de amar al otro lo diría con sinceridad, antes de caer en alguna infidelidad, terminar con el otro era lo que se tenía que hacer, por eso creía que al menos eras un hombre sincero y correcto, porque tuviste el valor de decirme que al menos para ti las cosas ya no tenían un futuro y me dolió, pero te lo agradecí desde el fondo de mi corazón.

Pero justo cuando estaba a punto de comenzar con la resignación me dijiste que querías hablar conmigo, que era importante y que quizás me alegraría con lo que iba a escuchar, no pude contener las lágrimas de alegría, mis ojos se llenaron nuevamente de ilusión, y creí que estabas por pelear por nosotros, que querías darle una nueva oportunidad a este amor sincero, comprometido, y que nunca te falló, creí que te habías dado cuenta de que quizás estabas cometiendo algún error y que de eso era de lo que querías hablar.

Por supuesto estaba contenta y emocionada, creí que el pequeño lapsus de sufrimiento por el que estaba pasando había terminado y que tú en el fondo valorabas tanto esta relación como lo hacía yo, recuerdo que cuando me estaba bañando estaba temblando de la emoción, recuerdo que me puse mi mejor ropa y que arreglé lo mejor que pude y fui a aquel lugar donde nos quedamos de ver.

Llegue a ese café y en tus ojos había algo que me incomodaba de cierta manera y es que algo paso que incluso un poco antes de que comenzaras a hablar pude entender que esta conversación no iba a ser aquella que yo esperaba, cuando comenzaste a hablar me di cuenta de que me había equivocado contigo desde el momento en que te elegí por primera vez, no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, me estabas pidiendo que fuera tu “amiga con derecho”.

¿Qué clase de mujer crees que soy?, ¿acaso no te das cuenta de que tengo sentimientos?, ¡si te vas a ir, vete!, pero pedirme que sea tu juego, que me trague mi orgullo, mi dignidad y todo aquello que yo sentía por ti para complacerte solo en aquellos momentos en los que te sientas solo, es lo más bajo que pudiste hacer, y algo que nunca me hubiera esperado de ti.

Autor: Sunky



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