No me juzgues si no sabes toda mi historia, no etiquetes si no conoces, no afirmes si no lo has comprobado antes por ti mismo.

 

Si algo he aprendido a lo largo del camino es que para cada persona soy de una forma distinta, cada uno de ellos tiene una diferente perspectiva de mí. Sé que estoy muy lejos de ser perfecta, pero hay quienes sin conocerme piensan de mí lo equivocado y me encasillan en sus redes mentales, incluso, hay quienes me juzgan sin haber intercambiado palabra alguna. Se les olvida que, normalmente, las apariencias engañan, pero aun cuando comprenden su equivocación nunca aprenden y vuelven a hacerlo de nuevo. Aunque claro, hay también quienes aplauden mis virtudes, pocos, pero los hay.

Hacen de mí, lo que sus deseos quieren, unos me ven como una persona insensible, fría, egoísta, amargada, que no llora ni muestra sus sentimientos, para otros en cambio, soy sensible, llorona, comprensiva, creativa, loca, compulsiva y muy buena amiga. Y no falta quien me vea como una persona más del montón o como un enigma. Lo que casi nadie o muy pocos saben, es que quizá soy una mezcla de todo. Y la única diferencia entre todos ellos es el esfuerzo que han puesto en conocerme, pero a veces, el convivir no es sinónimo de que nos conozcamos, de hecho, nadie me conoce como cree, porque hay veces en las que ni yo misma me conozco, ni se definirme perfectamente.

¿Acaso despiertan conmigo todas las mañanas? ¿Saben cómo duermo, lo que sueño y cómo me despierto? ¿Saben que me gusta el café y que sonrío mientras lo disfruto? ¿O lo que cuestiono y me hace enojar? ¿Saben mis insomnios y lo que me hace llorar? ¿Han penetrado mi alma y entendido mi dolor? ¿Alguien se ha puesto en mis zapatos y ha vivido mis batallas, mis tristezas y mis alegrías? ¿Saben las veces que he tropezado y cuánto me ha costado levantarme para seguir adelante? O más fácil ¿Saben mi canción favorita, mi libro predilecto, la película que me hace llorar? No, definitivamente, no me conocen. Y me pregunto si alguna vez les interesara hacerlo realmente. Aunque bueno, no tiene mucha relevancia, porque he aprendido que lo que soy me pertenece sólo a mí conocer.

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Lo único cierto es que en este mundo de fachadas todos somos diferentes y poco me importa que me juzguen, me critiquen, me etiqueten, me aplaudan o hablen lo que quieran de mí. Es mi vida y la vivo como quiero, limitándome simplemente a ser lo que quiero ser. Intentando cada día ser mejor de lo que he sido hasta hoy. Dejando atrás todo aquello que no me deja ser feliz. Soltando equipajes de sueños rotos y fracasos. Tomando lo que necesito por mí misma. Creando murallas de protección contra la gente que me hiere. Luchando por lo que quiero conseguir. Aprendiendo que amar es una palabra muy grande y no todos son dignos de pronunciarla. Tratando de ser un poco más fuerte que todo aquello que me rodea. Comprendiendo que las horas sólo es tiempo y cada minuto de mi vida cuenta. Viviendo mi propia vida sin los cuentos que de pequeña me enseñaban. Caminando sin sostenerme a una mano para no caerme. Sonriendo, llorando y aprendiendo cuando lo necesite. Tratando de perdonar lo imperdonable para no hacerme daño yo misma. Pero sobre todo, apreciando con todo mi corazón a la gente maravillosa que me quiere e intenta comprenderme o al menos, no juzgarme.

Me gusta mi vida y dejar huella por cada sitio que voy, y sé que soy el ser más imperfecto, pero también sé reconocer mis defectos y equivocaciones. Pero aun así, siempre habrá alguien ahí afuera que me criticará por ser diferente, por no ser como ellos y tener mi estilo propio. No dejaré de ser lo que soy, pues así soy feliz y eso es lo único que realmente importa. Total, lo único que juzgan es mi apariencia, no mi personalidad, porque NO ME CONOCEN y son ellos que están perdiendo esa posibilidad por el simple hecho de juzgar a los demás.

Si algún día te preguntan si me conoces, por favor, piénsalo dos veces y respóndeles que es mentira… ¡QUE NO ME CONOCES!

Autor: Karla Galleta



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