Un hombre y una mujer, amigos desde el colegio, tenían mucho tiempo de no verse. Al encontrarse, se saludaron con mucho cariño y comenzaron una amena conversación. En algún punto de la charla, el le pregunta:

-¿Qué tipo de hombre es el que tu estás buscando?

Ella voltea a verlo a los ojos y dándole una sonrisa le preguntó:

-¿En verdad quieres saber?

El respondió:

– Por supuesto!

Ella le explica:

Estoy en una posición de pedirle a un hombre lo que yo no podría hacer sola. Tengo un trabajo y yo pago todas mis facturas. Yo me encargo de mi casa sin la ayuda de un hombre, porque soy económicamente independiente y responsable. Mi rol ya no es el de ser ama de casa dependiente de un hombre en ese sentido. Yo estoy en la posición de preguntar a cualquier hombre:

¿qué es lo que tú puedes aportar en mi vida?

El hombre se le quedó mirando. Claramente pensó que ella se estaba refiriendo al dinero.

Ella sabiendo lo que él estaba pensando, dijo:

-No, no, no… yo no estoy refiriéndome al dinero. Yo necesito algo más. Yo necesito un hombre que luche por la perfección en todos los aspectos de la vida. Que yo sea importante para él como él lo será para mi, que me de tiempo de calidad porque yo estoy dispuesta a dárselo… alguien que me deje “ser” en todos los sentidos, porque yo también le daré las libertades que el me otorgue.

2

Él cruzó los brazos, se recargó sobre la silla; mirándola le pidió que le explicara un poco más…

Ella dijo:

-Yo busco a alguien que luche por la perfección mental, porque necesito con quién conversar, no necesito a alguien mentalmente simple. Yo estoy buscando a alguien que luche por la perfección espiritual, porque necesito con quien compartir mi fe en Dios. Yo necesito un hombre que luche por la perfección financiera porque, aunque no necesito ayuda financiera, necesito a alguien con quien coordinar el dinero que entre en nuestras vidas. Yo necesito un hombre que luche por su individualidad, que tenga la libertad para salir a volar y regresar responsablemente a su nido, porque enriqueciéndose a sí mismo, tendrá algo maravilloso que regalarme cada día.

Yo necesito un hombre lo suficientemente sensible para que comprenda por lo que yo paso en la vida como mujer, pero suficientemente fuerte para darme ánimos y no dejarme caer. Yo estoy buscando a alguien a quien pueda respetar. Partiendo del respeto que él mismo se gane con el trato, el amor y la admiración que me dé. Dios hizo a la mujer para ser la compañera del hombre, no para ser menos o más, si no para que juntos forjen una vida en donde la convivencia los lleve a la felicidad. Si existe un hombre así, pues eso es lo que yo busco. Por supuesto vuelvo a insistir que yo estaré con él en reciprocidad.

Cuando ella terminó de hablar lo miró a los ojos. El se veía muy confundido y con interrogantes (que raro, ella ya había explicado minuciosamente todo).

Él le dijo:

-Estás pidiendo mucho.

Ella le contestó:

-¡Yo valgo mucho!

Tú, hombre que lees esta reflexión, quizá digas que no entiendes a las mujeres; pero ¿sabes? las mujeres no se hicieron para ser comprendidas, sino para ser queridas, porque ellas saben darte tu lugar. Claro que de todo hay como en la viña del Señor, pero en esta vida venimos a ser felices y en el camino vamos conociendo y madurando. Tú, mujer que me lees, quizá digas que esta chica pide mucho o es una engreída o una pedante… pero recuerda que en la medida que te des valor a ti misma, te darán valor los demás.

ANÓNIMO.

 

 

Publicado por  No soy quien quisiera ser, tampoco soy lo que era, pero sé que un día seré lo que quiero…



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