No la mires con esos ojos que anuncian tu partida, si tu intención es irte, entonces solo aléjate, aunque ella sabe bien que volvieras, se ve en sus ojos que sabe de tu intención y se ve la seguridad de tu regreso, porque te quiere como la tierra quiere al cielo, pero…

Si tú no crees que ella es la mejor mujer del mundo, si tú no estas consciente que sus brazos son paraíso, si para ti un segundo sin ella se vuelve un año, si no eres capaz de darte cuenta que su ternura única, entonces no tiene porque ser ella.

No puede ser ella, porque deberías estar seguro de que el amor que hay en tu interior fue creado exclusivamente para ella, no debe de haber más dentro de ti. De ser así no podrá ser ella. Tienes que buscar la razón que te de la certeza de que solamente va a ser ella; la única que ponga tu mundo de cabeza y la única que pueda enderezarlo para que estés bien de vuelta.

No importa lo lejos que un día te vayas, si eres el indicado siempre a tu regreso debes de mantener la seguridad de que vas a desearla, igual que el primer día que la conociste, igual que esa primera noche que entre tus brazos la tomaste y viajaron juntos, rodeando estrellas y mirando planetas.

Pero si, sí es ella entonces lamenta los días que pases lejos de ella, paga con la misma moneda el precio del aislamiento que a ella le pesa cuando te ve partir por la misma puerta por la que regresas, saborea el mismo trago amargo que ella saborea tras los días de tu ausencia.

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Porque ella sufre, ella se lamenta cuando esta sola; tú si eres para ella y si las cosas son así, entonces sí es ella.

Si ella realmente es el amor de tu vida, sufrirás por todas estas cosas, pero el día que la veas y estés con ella, serán los mejores momentos de los que puedas gozar, pero si no es ella, entonces sólo déjala.



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