Quizá pienses que soy una ridícula, pero déjame contarte algo: yo siempre soñé con ser la chica bonita, en la que todos se fijaran cuando pasara por la calle. Soñaba con ser la chica en la que todos los hombres pensaban, la que más “me gusta” tuviera en sus fotos de Facebook. Soñaba con parecerme a las bellas actrices de Hollywood, que la gente me admirara a donde quiera que fuera.

El problema es que siempre me encontraba algún defecto cuando me miraba al espejo. Y me decía a mí misma: “algún día serás tan bonita como lo sueñas, algún día serás tan perfecta como esas modelos de pasarela que lucen cuerpos espectaculares”.

“Llegará el día en que me arregle mis dientes para que sean perfectos, en que mi cara ya no esté llena de granos e imperfecciones, en que bajaré de peso y lograré conseguir la talla más delgada, en que me operaré mi nariz para que luzca pequeña y refinada”. Todo eso me lo repetía mil y una veces.

De hecho, llegó ese día. Llegó el día en que, después de un largo tratamiento de ortodoncia, mis dientes se arreglaron, me operé la nariz y ahora era más bonita y refinada, me sometí a una estricta dieta y logré llegar a la talla cero. Pero, ¿qué crees? Yo me sentía igual que antes de tener todas esas cosas.

Entonces me di cuenta de algo muy importante: yo soy más que una figura delgada, más que una dentadura reluciente, más que una cara bonita. Sí, me volví una mujer más bonita, pero soy más que eso.

Soy, también, una mujer inteligente, una mujer que lucha por alcanzar sus sueños, que se propone metas y las cumple, una mujer que siente y tiene la capacidad de amar.

Soy una mujer a la que le encanta carcajearse cuando algo le causa gracia, sin importar que se le vean las encías al hacerlo.

Soy una mujer que adora comer pastel de chocolate, sin importar si subo un kilito más.

Soy una mujer que se cuestiona, que aprende, que quiere conocer.

Soy una mujer que ama salir a correr por las mañanas y sentir cómo el viento acaricia mi rostro.

Soy una mujer que no está obsesionada con estar maquillada ni con estar con el cabello planchado todo el día.

Me di cuenta, afortunadamente, de que soy algo más que una simple “niña bonita”.

Porque yo no me defino por mi apariencia, sino por mi esencia.



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