Si el amor aprieta y duele no es tu talla, porque aquello de “Quién te quiera te hará sufrir” es una mentira.El amor no duele, el amor de verdad, complementa.

 

Es verdad que el amor es un sentimiento fantástico que lo cambia todo de manera positiva, pero no siempre es así, algunas veces también puede ser muy cruel. Sobre todo cuando surge en los momentos más inapropiados o con personas equivocadas, porque lo que debería ser maravilloso, se convierte en una carga con la que es muy difícil vivir, pero al mismo tiempo, sin la cual no se puede seguir adelante.

Enamorarnos de la persona equivocada puede torcer nuestra vida de formas insospechadas, y el mayor problema no es que esa persona sea la incorrecta, sino que nos enamoramos y nos damos cuenta de ello hasta que ya estamos metidos hasta las narices y no hay reversa que nos salve.

Hay amores tan destructivos, tan enfermizos, que sólo buscan acabar con el alma de quien los siente, a tal grado que eres capaz de perderte a ti mismo y no reconocerte, lo cual es un error que te marca para siempre. Es imposible prevenir que el corazón termine roto porque él suele ser muy vulnerable ante las cosas que nos depara el destino, no entiende mucho de razones de por qué o para quién debe latir, y además, pareciera que es muy torpe interpretando señales (o al menos, eso queremos creer).Debido a eso se nos dificulta entender por qué en lo que al amor se refiere, nos enamoramos una y otra vez de quien no debemos. Claro, no voy a generalizar y decir que todos nos enamoramos de quien no debemos, no a todos nos pasa, pero sí a muchos alguna vez en la vida.

Pero ¿sabes? El amor no es ciego, realmente no es tan difícil darnos cuenta que la persona a la que amamos no es la adecuada, los ciegos somos nosotros que, al igual que un zapato que no nos queda, intentamos forzadamente amoldarlo a nuestro pie, nos auto-engañamos y queremos convencernos de que esa persona sí nos quiere o nos ama, intentamos justificar sus desplantes y su indiferencia hacia nosotros con pretextos estúpidos como: trae muchas presiones del trabajo, de su familia, de sus amigos, de la vida, etc., y a veces, hasta nos llegamos a sentir culpables de dichas actitudes pensando que el problema somos nosotros, nuestra manera de ser. Pero no nos engañemos, eso no es verdad. No es verdad que tenemos que ser diferentes o cambiar por una persona, no es verdad que no nos ama por nuestra culpa, no es verdad que está enojada o molesta por causa nuestra, simplemente la venda que nos ponemos en los ojos no nos deja o no queremos darnos cuenta que esa persona NO NOS AMA, NO LE IMPORTAMOS y por ello tiene esa actitud. Pero lo malo no está en nosotros mismos, ni siquiera en la otra persona, sólo que ella no es la correcta.

El amor es un proceso basado en el tiempo, no es algo que se da en un día o una semana de conocer a alguien. Eso es auto-engaño o enamoramiento. Uno empieza a amar a una persona conforme la conoce, por sus actitudes, su manera de ser, por sus palabras, por su interés hacia nosotros y eso se da día tras día de convivencia. Todo eso que hace especial a esa persona y que se complementa con nuestro sentir: lo que nos produce, lo que nos trasforma, lo que nos hace ver y pensar. Aunando el cúmulo de acontecimientos y experiencias que vivimos con ella como los secretos, los momentos, los lugares y los sueños que compartimos.

Claro, también hay elementos que son compatibles al cien por ciento, nadie es perfecto y nadie puede ser excepcionalmente maravilloso, aunque de un principio así lo veamos y nos enamoremos por eso.

Y es precisamente cuando todos estos elementos cambian que se rompe el encanto, cuando las experiencias compartidas ya no nos producen sensaciones agradables, cuando lo que esa persona te demuestra suele distar mucho de lo que debería ser el amor. Insisto, no sólo es tu pareja la que “ya no es la misma”, sino todo el conjunto de patrones que difieren para cambiarlo todo. Es normal que a medida que transcurre el tiempo, la relación cambie, pasa el enamoramiento y empezamos a vernos tal como somos y esa visión que teníamos al principio ya no es la misma, ni siquiera nosotros somos los mismos. Pero en ese cambio, es cuando el amor se afianza o se pierde la sinergia. Y cuando esa sinergia se pierde, es que nos damos cuenta que estamos enamorados de la persona incorrecta.

Muchas veces nos olvidamos que los seres humanos poseemos un sexto sentido que se llama presentimiento, el cual es muy válido y nos ayuda a detectar señales para darnos cuenta de que no estamos con la persona adecuada. No hablo de romanticismo, lo que nosotros llamamos corazón, es nuestro lado emocional del cerebro y también, al igual que el lado racional, es capaz de mandar señales desde un principio diciéndonos que las cosas no resultarán bien. Por eso es tan cierto la popular y ancestral frase de “haz lo que te dicte tu corazón”, porque lo que presentimos muchas veces resulta siendo verdad. El problema es que a pesar de que no nos late, continuamos ahí, por ganas de experimentar emociones nuevas, por miedo a la soledad, a que esta persona sea la última a la cual podamos querer, sea la última a la cual podamos encontrar en el camino de nuestra vida; tenemos miedo de dejarla por cuestiones económicas, sociales, de hijos, de familia, etc. Y es el miedo el que nos hace detenernos para ponerle un “hasta aquí”.

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El maltrato físico o emocional, la indiferencia, las palabras dolosas, las discriminaciones, la falta de respeto, de valía y de dignidad son muestras claras e ineludibles de que esa persona NO ES LA INDICADA PARA TI y punto, sin más qué decir. No le veo razón alguna de querer estar al lado de alguien que nos hace daño emocional, psicológico o hasta físico, de verdad, no hay necesidad, sencillamente porque QUIEN TE AMA DE VERDAD, NO TE HACE DAÑO.

Tanto hombres y mujeres, merecemos respeto y consideración, por lo que permitir este tipo de ultrajes, no se vale. El maltrato es la primera condición para darte cuenta que no estás con la persona correcta, deja de auto-engañarte, quítate la venda de los ojos aunque duela y date cuenta que esa persona no es para ti. Deja de idealizar y querer convencerte que esa persona es la indicada porque cumple la mayoría de las características que tú quieres que tenga. Aquí no se trata de imaginar, sino de echar un vistazo a nuestro interior y preguntarnos si esa persona es la que realmente queremos como pareja, si nos hace sentir una persona valiosa, si además de lo físico, sabe ver más allá e intenta conocer nuestra alma. Y todo estos cuestionamientos hacerlos sin anestesia, sin “peros”.

Las consecuencias de enamorarse de la persona equivocada pueden ser devastadoras. Lo más doloroso y triste es aceptar que esa persona no es para ti y seguir empeñado en continuar en una relación sin rumbo, o peor, rumbo al quiebre, pero a largo plazo, es más doloroso sufrir y perder la dignidad por creer que esa persona es la indicada. Deja de ser masoquista, porque el daño es muy fuerte y las secuelas afectan todas las esferas de tu vida, desde volverte un incrédulo del amor y perder la confianza en las demás personas, hasta provocarte problemas de salud, tanto físicos como mentales, ya que nuestro cuerpo, inevitablemente, siempre manifiesta nuestra alma. Sí, esas heridas y sus secuelas pueden ir sanando poco a poco con el tiempo, pero puede haber algunos daños irreversibles. Mas vale detectar el problema a tiempo para que el daño sea mínimo.

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No venimos a este mundo a soportar, padecer ni sufrir en nombre del amor, más bien se trata de darle prioridad a lo que queremos y buscamos del amor. Se trata de ser hasta un poco egoísta y pensar primero en uno mismo, en nuestra felicidad y en cómo lograrla. Y todo esto, debe ser más importante que la supuesta “persona ideal”, que aun con una impresionante personalidad, al final no nos llena, no puede hacernos felices y sólo terminará siendo un gran dolor en el alma, un vacío en el espíritu y un fuerte e intenso dolor en lo más profundo de nuestro corazón.

Deja de conformarte, de limitarte y comienza a válorarte, a quererte y a darle un verdadero sentido a tu vida dejando ir ese amor que te aprieta, que te duele para que pueda llegar el que se amolde, el que se sienta como una extensión de ti y te permita avanzar, uno que sea de tu talla.

 

Autor: Karla Galleta



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