Detente a pensar un minuto en todo lo que tienes ahora, las cosas que has logrado, las adversidades que has superado. Piensa que, a pesar de todas las cosas malas que te han pasado, sigues en pie, como un árbol fuerte que ni el viento más poderoso puede tirar.

No debes caer en la desesperación. Si lo necesitas, tómate un tiempo, descansa de todo lo que has cargado, medita sobre cómo puedes afrontar la situación que te está aquejando. Sal a caminar y despéjate, vagabundea por ahí, que no todos los que alguna vez vagabundeamos estábamos perdidos, sino que estábamos en el camino de un mejor mañana.

Permite que el dolor que hoy te aqueja te muestre lo que tiene que enseñarte, pues cada sufrimiento es una oportunidad para obtener algún conocimiento. Bien dicen que los sabios se hicieron a base de dolores superados.

Esta vez has fracasado, ¿y qué? No decaigas, pues aún tienes toda una vida por delante; no dejes que un momento de zozobra te arruine la existencia. Este sufrir ya pasará y volverás a tener el mejor ánimo para seguir adelante.

Ten en cuenta que estás en donde tienes que estar, y que si la vida te puso un obstáculo fue para que aprendieras una valiosa lección.

Acepta el cambio y aprende a adaptarte, porque este mundo gira rápidamente y no sabemos que nos deparará mañana. Si hoy tienes que llorar, pues llora, y deja que las lágrimas laven tu pena, porque muchas veces el llanto es liberador e incluso te puede fortalecer; se equivocan los que piensan que llorar siempre es un signo de debilidad.

No te empeñes en borrar el pasado, no es posible. Todo lo que has vivido te ha forjado y te ha dado la experiencia necesaria para afrontar la vida actualmente. Deja que las cicatrices te recuerden que no importa cuán grande sea la herida, siempre termina por cerrarse.

Cuando tengas un día difícil, recuerda respirar profundo y pensar: “esto no es más fuerte que yo; puedo y debo superarlo, como ya he superado muchas otras adversidades”.

Es natural tener miedo; de alguna forma es señal de que estamos vivos. El error está en dejar que el miedo nos derrumbe, nos abata y nos deje paralizados. Si tienes miedo, enfréntalo, actúa, no permitas que se apodere de ti, conquístalo, sabes que puedes porque lo has hecho antes.

Ten valor, y recuerda que más allá de tu miedo, hay alguien esperándote con los brazos abiertos. Más allá de tu miedo, está la esperanza de un mejor mañana. Sólo debes atravesar ese camino que te lleva del temor a la felicidad. 

 

Autor original: Katherine Silvera Iguini



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