Justo cuando mi vida no tenía un rumbo fijo, incluso cuando mi mirada estaba perdida tras un amargo dolor por una relación mal correspondida, te presentaste en mi vida, me di cuenta que tú también traías a cuestas, al igual que yo una amarga soledad, traíamos una pesada maleta en los hombros llena de rencor, dolor y muchos pedacitos de lo que una vez fue un corazón que creyó poder y saber amar.

Sin esperar nada porque en realidad en ese momento no estábamos buscando otra relación que dañara aún más lo que quedaba del roto corazón que estábamos armando pedacito a pedacito, nos fuimos entendiendo cada vez más,  con tú dolor que era el mío y con mi amargura que entendías a la perfección, nos fuimos acoplando de una manera casi inmediata.

love

Primero fueron leves preocupaciones por la tristeza que cargaba el otro. Sin darnos cuenta esas preocupaciones se transformaron en miradas profundas de esas que tocan el interior, sonrisas bobas que reconfortan el alma.

Un día cualquiera comencé a extrañarte aun sabiendo que te vería en unas horas, sin darnos cuenta uno empezó a necesitar la presencia del otro. Fue así como comencé a darme cuenta que podía enamorarme una vez más.

Fueron tus cuidados, tus atenciones, tus caricias lo que me hicieron entender que alguien podía amarme tal cual soy, que todos esos complejos sobre mi imperfecta persona, para ti pasaban desapercibidos, los veías, los conocías pero n o te importaron, era para ti esa parte que te faltaba y con todos tus defectos eras perfecto para mí. Casi sin querer,  cada uno ya formaba una parte indispensable en la vida del otro.

Me enseñaste la manera imperfecta del amor ideal, juntos descubrimos que si se puede amar de una manera única, sincera, limpia, sin prejuicios ni ataduras, y así los hombros ya no nos pesaban, habíamos dejado atrás la pesada maleta con rencores, el corazón de nuevo estaba completo, pegado, ambos latían en sincronía. De nuevo me volví a enamorar.

Pero los cuentos de hadas no existen y el fatídico día llegó, aún recuerdo ese día en que me diste un abrazo apretado, un beso largo y me susurraste al oído que te siguiera, que aún teníamos mucho por hacer, que no te dejara recorrer ese camino sin mí.

Fue por todo lo que te amo, que no pude atar tus sueños a las 4 patas de la cama, fue precisamente porque te quiero, que fui yo la que se cortó las alas para que tu pudieras volar. Fue gracias a ti que aprendí que sí puedo ser amada, y que el amor debe estar en libertad.

No sé que fue lo que cambio, no sé que fue lo que no supimos llevar, pero de repente, nos convertimos en unos perfectos desconocidos, 2 centímetros de distancia se sentían como 5 témpanos de hielo juntos.

Lo que más me duele es que ninguno de los dos fue capaz de decir nada, ninguno se atrevió a decir que solo nos faltaba un poquito más de tiempo,  me duele en el alma ver cómo te alejas, como no volteas, me duele en el alma ver como no tengo el valor para pedirte que te quedes,  que no te alejes, que no me dejes, me duele en lo más profundo de mi ser el darme cuenta que ya todo se rompió, que dejamos caer el vaso, que ya no hay nada que se pueda salvar.

recuerdo

En definitiva amor, me duele que ninguno de los dos haya sido capaz de susurrar… “quédate un ratito más”. Finalmente hoy comprendo que te perdí y todo, porque nunca me atreví a luchar por ti, pero tú tampoco lo hiciste por mí.

Nunca podremos ser aquello que deseamos aun cuando nos queremos tanto, personalmente me duele no haber sido valiente para detenerte, fuimos cobardes por no luchar un poquito por salvar aquello que nos hacía tan felices.

Ahora del otro lado del mundo, volteo al cielo, sé que miramos la misma luna y me doy cuenta que en realidad no estábamos tan lejos.

Así como compartimos la misma luna, ahora cargaremos una misma soledad que por cobardes no pudimos superar.

 

Idea original: Emily Urrejola



     Compartir         Compartir