Voy a contarte un pequeño gran secreto: te amo. Te amo con dulce de chocolate. Te amo con corazón de bombón. Te amo por las mañanas, cuando veo tus ojos lagañosos, esos que me dan tanta ternura; te amo por las tardes, cuando cada uno está haciendo sus actividades, pero nos damos un tiempo para hacernos una llamada y decirnos cómo nos está yendo; y te amo por las noches, cuando llegas a casa y podemos compartir el pan en la mesa. Te amo, sobre todo, porque contigo aprendí a sentir. Sentir que mi corazón palpita más fuerte de lo normal por la emoción de verte. Sentir que se me dibuja una sonrisa cada que me dices “hermosa esto” o “hermosa aquello”. Sentir que, en ocasiones, cuando nos quedamos sentados con una taza de té mirando el atardecer, en silencio, no es un silencio incómodo, sino que es como si no tuviéramos más nada qué decirnos. Sentir que tus caricias son eternas y que me las llevo cuando tengo que salir y dejar de verte. Sentir que tus brazos son de acero y me pueden proteger de cualquier peligro de este mundo de adversidades. Sentir que tu boca es mi refugio y que al besarte estoy a salvo siempre.

Voy a contarte otro secreto, uno que guardo con mucha ilusión en el fondo de mi corazón: quiero que estemos juntos por muchos, muchos años; de ser posible, para siempre. Quiero secuestrar tu corazón de por vida y que no haya rescate alguno, únicamente la pasión, y que tú seas víctima de mi cariño infinito, de mis besos infinitos, de mis caricias y mis abrazos infinitos. Quiero que cada noche nos devoremos con la pasión de una tormenta de deseos, que nuestra unión se consume tan frecuentemente que no nos dé tiempo para pensar en separarnos nunca. Quiero perderme en el paraíso de tus ojos para encontrarme a mí misma, para reconciliarme con mi verdadero yo, ese que sé que tú puedes ver, porque tu mirada llega a penetrar mi alma de una forma tal como nunca nadie supo hacerlo. ¿Que por qué te he elegido a ti?, me preguntas. Es sencillo. Porque solamente en la paz de tus labios puedo descansar tranquila, luego de un día agotador. Porque en el cosmos de tus ojos puedo encontrarle el orden al caos. Porque tienes un sabor delicioso, como a café con leche por la mañana, o a té por la tarde, o a chocolate por la noche.

Permíteme escucharte siempre que lo necesites. Permíteme ser tu confidente. Permíteme ser tu cómplice en mil y un aventuras. Permíteme sentir tu silencio cuando callas y atrapar tus palabras cuando me hablas para guardarlas en el fondo de mi corazón. Quiero ser aquella mujer que te apapacha todo el tiempo con el cariño más sincero, más leal, más honesto del que puede alguien ser capaz de entregar. Permíteme componerte una melodía, aunque sea sencilla, pero eso sí, que sea pegajosa y tierna, para que cuando estés lejos y no nos estemos viendo, la escuches en tu cabeza y te acuerdes de mí; para que digas: sí, ella me ama.



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