El día donde se siente la ausencia de los que ya no están entre nosotros llegó, llegó el día en el que la última morada se viste de luces, ofrendas flores y colores, llegó el día de muertos, en que todos se reúnen para convivir de nuevo con los que se fueron ya.

altar

Aunque es un día, que cada año tarde o temprano llega, algo me decía que este sería especialmente diferente. Ya todo estaba listo, las flores y ofrendas acomodadas y todos reunidos para recordar al ausente, lo distinto fue que esta vez caminé entre ellos, escuché las anécdotas del abuelo, los juegos bobos y las bellas historias construidas por las madres que se adelantaron, hasta las conversaciones cotidianas de los compadres que gustaban de compartir una cubita para pasar el rato, y ese día no fue la excepción, llegaron a conversar con cada familiar, llevaron sus comidas favoritas, y hasta había quien llevó la partida de dominó para revivir las charlas de viernes por la tarde.

Me colé a sentir el dolor de cada uno, escuché sus historias y me invitaban a ser parte de ellas, por una sonrisa sincera que les ofrecí, cada grupo de visitantes me regaló, un sorbo del delicioso chocolate espumoso que casi sabía al de mi abuela, un pedazo de pan de su ofrenda, y miles de sonrisas que iban nutriendo mi morral de colores.

panteon

Sin darme cuenta, mientras seguía visitando tumbas extrañas, estaba cada vez más cargada, pues los recuerdos de los demás se fundieron con los míos, ya no se sabía cuál era cual, como tampoco se sabía quién iba a visitar a quien, todos estaban revueltos en esa atmosfera de fiesta y tradición, la muerte duele, pero este día no se sufre, pues se arreglan las cosas para que regrese el familiar y amigo, yo estaba feliz, cada conversación me hacía sentir alegre, pues este es el día en donde los difuntos pueden salir de sus tumbas y regresar con el corazón que se quedó en la tierra, mi morralito de colores ya estaba lleno de historias, y buenos deseos llenos de devoción, pues así fue como recé en cada tumba como si fuera mi propia familia.

Casi a las 6 de la tarde, regresé a mi tumba a esperar a alguien de mi familia con quien compartir todo lo que obtuve con mis fieles vecinos, esperaba encontrarme con una historia conocida, con el café de olla y los dulces que tanto me gustan, o gustaban, me senté, sin prisa a esperar por una flor en mi tumba.

Comenzaba a caer el sol, las personas se comenzaban a despedir de sus muertitos, yo vi que tenía mi morralito lleno de colores, fui sacando las cosas que me dieron al caminar entre tumbas desconocidas, sola, las comencé a acomodar en mi tumba y quedó deslumbrante, sí, sola arreglé de recuerdos mi último hogar, y no me sorprende pues de unos años para acá así ha sido, tal pareciera que el amor y la añoranza se convirtió en olvido. Una ola de paz me envolvió pues comencé a rezar por cada una de las almas que conocí hoy, y por las almas terrenales que se olvidaron de mí, y como no era la única sola, decidimos reunirnos esas solitarias almas y yo para crear nuestros propios recuerdos de los vivos, pues el último rayo de sol estaba por irse, el día que tenemos para convivir se estaba yendo.

Cuando estábamos a punto de despedirnos, de agendar la cita para el próximo año, alguien me dijo, que así solía pasar con los que caíamos ahí, me dijo que el recuerdo repetidamente se lo llevar el olvido, mismo que era provocado por ideas vagas y distintas a nuestra propia sangre.

muertos

No sé si tenga razón, si otra cultura alejó a los míos de sus verdaderas raíces, de lo que si estoy segura es que pase lo que pase, nada cambiará para los que ya estamos aquí, seguiremos llenando los morralitos con los trozos de las almas de colores que nos acogen en su celebración, y estaremos listos para atender de la misma manera a los nuevos inquilinos del campo santo.

 



     Compartir         Compartir