Y para comenzar a escribirte, me gustaría transcribir aquella frase que dice: “Uno siempre vuelve a los lugares en que amó la vida”. ¡Cuán cierto es! Después de tantos años. De tanto ir y venir por el mundo. Tantas despedidas en las que siempre terminábamos entregándonos el uno al otro, haciendo cada vez más grandes nuestros lazos y todo ese amor que se enterró en el corazón.

Después de tanto adiós que sólo avivaba la esperanza de un nuevo reencuentro. De jurar que jamás volvería a tus brazos. De buscarte y fracasar en el intento de hallarte en otra piel, en otros labios, otro cuerpo. Tropecé contigo nuevamente y fue imposible resistirme a tanto encanto que habita en tu ser.

Sigues siendo ese hombre atractivo que derrite a toda mujer. El caballeroso que todas desean tener. El que con su sonrisa hace que todas las terminaciones nerviosas exploten. El que sabe cómo tratar, cómo hacer reír, cómo calmar y cómo alocar.

Cuánto quisiera que las cosas fuesen tan distintas. Que nuestros caminos se encontrasen para crear uno solo. Que la vida, el destino y las circunstancias no nos separaran más.

¡Es un cansancio muy grande estar en medio de una lucha entre la razón y el corazón!

Y no me dejarán mentir que he hecho de lo imposible, lo posible por mantenerme alejada de ti, de tu vida y todo tu entorno. De aquellas amistades que tenemos en común y que en las coincidencias me preguntan que ha sido de ti, de mí, de nosotros… Si tan sólo llegara el día en que les pudiera responder que reanudamos aquella relación de la niñez, que estamos mejor que nunca y que nuestros planes a futuro son geniales; sin exagerar me declararía ¡la mujer más feliz de la faz de la tierra!

Qué cruel e injusta puede llegar a ser la vida. Ponerte en mi camino justo cuando era la viva imagen de la inmadurez. Cuando no veía más allá que salir pronto del colegio y poder empezar a maquillarme, a usar vestidos y mini faldas. Comenzar a ir a fiestas y llegar tarde a casa.

Estoy consciente de que los errores fueron de mi parte. Mientras tú dabas lo mejor de ti, yo sólo huía y en algún momento te fue imposible alcanzarme. Y a pesar de los años sigo recordando aquel llanto que te propició nuestra ruptura. Llanto que he pagado con creces. Las únicas lágrimas que han derramado por mí con sincero amor.

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Y aquí estoy, aquí estamos, a ratos, a pequeños momentos… Coincidiendo. Haciendo aún más largo el hilo rojo que nos conecta. Escribiéndole más páginas a nuestra historia. Ésa que parece sin fin, pero que está destinada a no ser uno feliz cuando llegue su momento.

Yo por mi cuenta continúo fracasando en cada relación. Buscando en otros aquello que sólo tú me diste. Tú por tú cuenta estás en esa relación, en la que sin sentirme orgullosa SIEMPRE he estado yo de por medio. Directa e indirectamente. A veces en reencuentros, otras veces en tus sueños y casi siempre en tu mente.

Continúo siendo tu presente y soy todo tu pasado. No soy la chica que conocen tus padres. Mas soy a la que conocen todas tus amistades. Soy a la que buscas apenas tu avión aterriza en mi territorio. A la que no presentas, pero que tampoco escondes. A la que le abres la puerta del coche y le tomas la mano al manejar. No soy la que los domingos come con tu familia, mas soy con la que te escapas al caer el atardecer y recorres con ella toda la ciudad. No soy con la que vas al cine al ver una película, mas soy a la que le platicas tus sueños, tus anhelos y toda tu verdad.

Soy el aroma con el que te vas a descansar. El sabor que se queda en tus labios. Los momentos apasionados que al recordarlos logran erizar tu piel. Soy la de las fotografías que conservas en tu móvil. A la que llamas después de las 3:00 de la mañana cuando has bebido demasiado alcohol para reclamar el porqué de aquella maldita decisión de separarnos. A la que nunca dejas, pero que continuas sin arriesgarte a dejarlo todo por ella.

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Soy yo… La que sean cuales sean las circunstancias SIEMPRE vuelve a tus brazos, incluso cuando tiene roto el corazón. A la que sanas, reparas y vuelves a romper cada que debes decirle –adiós-.

Y siempre eres tú, al que recuerdo con la letra de cada canción. El que siempre está presente en mis sueños, en mi pensamiento y en mi oración. Quien me conoce a la perfección. El que apacigua mis miedos, me alienta en mis sueños y me impulsa a ser mejor. Quien me dejó expectativas tan altas de lo que es el verdadero amor. El que si no es con él, no será con más nadie, al que he de esperar cada tarde. Y aunque suene tan estúpido, la única verdad es que no dejo de amarle.

Y aunque no estamos juntos, sé que siempre serás tú. Pero mientras haya alguien más… Sé que no seré yo.

Autor: Stepha Salcas



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