Ayer volví a acordarme de ti, inesperada y sorpresivamente. No es que nunca te recuerde, simplemente es que a veces aún me dueles y me da por entretenerme en cosas que te mantengan alejado de mi mente. Pero entonces el destino que es tan sabio trae aquellos momentos que guardo con recelo en mi corazón, de repente apareces al escuchar alguna u otra canción. A veces me enloquece tu fragancia que me encuentro por ahí, en otro ser que lamentablemente caigo en cuenta que no eres tú.

No es que aún no haya superado el que nuestros caminos estuviesen tan marcados por diferentes senderos. Lo que pasa es que hay amores que se entierran en los huesos. Que se clavan en lo más profundo de tu ser, de tu corazón y de tu mente, que no importa cuánto tiempo pase o cuantas personas lleguen a tu vida después de él, lo importante es que cuando los recuerdas aun sonríes o llegas a sentir un ligero dolor; a veces llegan a ser las dos… justo como me sucede a mí hoy.

Vuelvo a sonreír cuando recuerdo aquellas manías tan características de ti. Tu modo tan alocado de conducir. Aquella ternura que reflejaba tu mirar. Las tardes de pinta que nadie puede imaginar. Aquella manera tan tuya de hablar como todo un hombre maduro, las pláticas en donde yo era parte de tu futuro. Los sueños que juntos compartíamos, esos que prometimos hacer realidad cuando dejáramos de ser unos niños.

solo amigos

Recordarte y sonreír es sumamente fácil, lo difícil es evitar que mis ojos se cristalicen y rueden casi al instante lágrimas por mis mejillas.

¡No puedo mentirte! No ha pasado un solo día en que no desee tenerte nuevamente a mi lado y repetir los días pasados. Y es que pienso que nos hizo falta una interminable lista de cosas por hacer juntos. Hizo falta decirte que te amo y que te amé como a nadie en este mundo. Quizás en ese tiempo juntos no fui lo suficientemente expresiva, no porque no lo sintiera o no me naciera. Simplemente soy de las personas que demuestran su sentir con sus actos, pero el decírtelo no hubiese estado de más, ahora lo sé.

Nos hizo falta más tiempo para caminar tomados de la mano. Para mirarnos a los ojos y perdernos el uno en el otro. Más besos y menos plática. Más caricias, más sonrisas y más palabras. Tiempo para darnos más detalles. Para planificar mejor nuestros sueños y anhelos y salir en busca de la realización de éstos. Más noches a tu lado, inventando y experimentando caricias a la hora de entregarnos.

Ahora me doy cuenta cuan valioso es el tiempo, si algo no se detiene es precisamente él. Y a pesar de desear con todo mi ser un poco más, debo reconocer que el tiempo que se nos regaló fue suficiente para plantar todo este amor que aún permanece en mi corazón. Y es que de mi parte no hay reproches. Me diste todo cuanto pude desear. Fuiste el amor más perfecto que aunque quisiera o debiera, sé que no podría olvidar.

Fuiste mi guía y mi luz en momentos de soledad. Mi razón, en tiempos de confusión. Mi paz y mi calma. Mi amigo, mi compañero, mi confidente y mi amor. Quien siempre estuvo cuando lo prometió. Él que me soportó en mis peores momentos. Quien me alentó y me ayudó a ser mejor. Él que me enseñó a hacer verdaderamente el amor.

Estuviste ahí cada vez que te necesité. Tus brazos siempre estuvieron abiertos para mí. Escuchabas mis locuras por horas y jamás mostrabas desinterés. Soportaste con ternura y amor mis horribles cambios de humor. Me enseñaste a crecer. Me convertiste de niña a mujer.

¿Cómo se olvida a alguien que nunca te falló y que en todo momento te demostró su amor?

¡Yo, simplemente no puedo! Y aun sintiendo todo esto no puedo decir que me arrepiento de haberte dicho adiós. Y es que a veces la prueba más grande de amor es dejar ir a quien amas (hasta hace unos meses no lo creía así). Pero entonces ¿se trataba de cortarte las alas y retenerte porque te quería solo para mí?, yo no lo veo así. ¨No hay amor más egoísta que aquel que no te deja crecer¨. Es por ello que renuncié a ti.

Crecimos y entonces cada uno se forjó sueños propios. Sé que hasta el último momento continuamos contemplándonos juntos en un futuro, pero entonces me di cuenta que aquellos sueños tuyos estaban lejos del lugar que nos vio crecer y precisamente yo te alenté a ir en busca de ellos. Me costó mucho convencerte. Buscaste otras opciones, lo recuerdo bien. Pero soy de las personas con la idea de que si dos personas están destinadas, sin importar lo que ocurra o el tiempo que pase, estarán algún día juntas. Y con esa idea logré que aceptaras, que aceptaras decirme hasta pronto.

Pueden pensar que pudimos haber hecho más… juntos. Tal vez si, tal vez no. Pero hice lo que mi corazón me dictó. Yo no hubiese podido permitir que te perdieras la experiencia de crecer y conocer. Sé que llegarías a ser un gran hombre y no me equivoqué.

Puedo recordar nuestras diarias charlas por el celular. Aquel nudo en la garganta que se me formaba al querer salir un –te necesito-. Aquella alegría que me daba el que todo te estuviera saliendo tan bien. Aquellas palabras de amor que lograban erizar mi piel; con ello me daba cuenta de una sola cosa… la piel es de quien la eriza. Y tú sin tocarme lograbas tan mágico efecto en mí.

Volviste… tantas veces como pudiste. Y cada encuentro fue perfecto, mi único pero es que debías volver y eso me destrozaba completamente mi ser. No era fácil soñarte tantas noches, desearte, añorarte y extrañarte. No era fácil verte llegar y que hicieras todos mis anhelos realidad y en cuestión de días decir adiós nuevamente. Sin quererlo ambos nos heríamos. Podía notarlo en tu mirada, podía notarlo en la mía. Pero entonces recordaba aquella frase

El amor… todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.

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Y soportamos bastante. Podría decirse que llegamos a ¨un mutuo acuerdo¨el continuar como amigos por un tiempo, así nuestros sentimientos no se verían expuestos a ser lastimados. Pero como era de esperarse, siempre una de las partes queda lastimada y precisamente yo quien tuvo tan magnífica idea resultó así… lastimada.

Nunca te lo hice saber. Me mostraba tan ¨feliz¨, tan contenta, tan en paz, que no te hacía dudar; lo cierto es que nadie que no fuese tú me hacía sonreír. No hacía otra cosa más que pensar en ti, pero ocurrió lo que sabíamos que en algún momento podría pasar… conocimos a alguien más.

Nunca dejaste de estar para mí ni yo para ti. En cada encuentro continuaba mostrándome ¨feliz¨; lo cierto es que continuabas ocupando mi mente y mi corazón, pero sabía que había tomado la mejor decisión. Eras el hombre que siempre deseaste y que yo siempre soñé. Mi admiración por ti creció cada día más. No era justo el que yo por mi sentir, te trajera de vuelta hacia aquí.

Callé y sigo haciéndolo. No estas con nadie y no estoy con nadie y aunque hubo alguien más, debo de reconocer que nunca logró ocupar tu lugar.

No sé si algún día tal vez me vuelva a enamorar, solamente sé que este amor es muy difícil de igualar. Estoy bien aunque continúes en mi piel. Te alenté a crecer y eso hace feliz a mí ser. No importa ya si continuamos separados, puedo sentir que aún es el final, no si siempre hay un pretexto para un reencuentro más.

Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse sin importar el tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar, contraer o enredar pero nunca se romperá.

Para un amor de verdad… un amor que me tatúo el alma

Autor: Stepha Salcas



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