En general, soy una mujer poco social, prefiero una cama tibia y una buena película en el televisor, que salir con el cumulo de gente a mi alrededor, prefiero platicar con mi gato que entablar una conversación unilateral, y digo unilateral porque no soy de las que se interesa por el pesar ajeno.

Esa soy yo o esa es la careta con la que prefiero caminar, quiero construirme una barrera del tamaño de la muralla china entre el mundo y yo, no quiero saberme vulnerable ante nadie, no quiero que alguien se aproveche de lo que siento y lo use a su conveniencia.

Quiero caminar por entre las multitudes y pasar desapercibida, que ni me miren mucho menos me toquen, quiero ser una hoja tirada en el césped de un bosque de otoño.

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La gente en general me aburre, no quiero escuchar sus pesares diarios, sus problemáticas que les arrancan la vida a cada suspiro, no soy yo quien va a resolverles su patética existencia, por ende no quiero enterarme de ella. Quiero que los demás se den cuenta de mi apatía y me dejen sola, que no llamen a mi puerta para vender nada, que no vengan a predicarme nada.

Quiero vestir una armadura de hierro impenetrable, pero me miras y me siento más frágil que el papel, quiero ser dura y fría como el hielo pero me miras y me convierto en agua hirviendo, quiero usar mi traje camuflado para que nadie me encuentre y basta con mirarte para sentirme desnuda.

Quiero ser insensible, tener repelente para los sentimientos, pero te pones a mi lado y reviertes todo, me haces sentir mil mariposas recorriendo mi cuerpo, me abrazas y cada una de mis terminales nerviosas se aloca, mi sonrisa se me escapa de la boca, mis manos revolotean en tu espalda y mis labios ya están jugando con tu lengua.

¿Qué clase de embrujo maléfico me envías cuando me miras? ¿Qué clase de energía diabólica tienes que me doblas las rodillas con solo oírte llamarme por mi nombre?

No sé si son tus enormes ojos marrones o tu perfecta y delineada boca lo que me hacen ser vulnerable a ti, no sé si son tus firmes manos las que me derriten con solo rozarme, o tu ronca y áspera voz que me pone todos los vellos de punta cuando me hablas.

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No sé qué rayos has hecho de mi pero me has trasformado por completo, ahora sonrío como boba con el teléfono cuando me llamas, ahora camino contenta cuando voy de tu mano. Ya no tengo esa cara larga y amargada, ahora ya hay un sol creciendo en mi alma.

Mi frialdad se ha derretido, soy otra, y ya no me da miedo decirlo, solo tú has logrado hacerme completamente feliz.

Idea original: Club de letras



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