Un día me vi en el espejo y me di cuenta que todo estaba mal conmigo, me pregunté qué estaba haciendo con mi vida, por qué me costaba trabajo ser feliz y disfrutar de lo que tenía a mi alrededor. Por qué siempre esperaba algo: un amigo, un amor, una oportunidad o que sucediera algo maravilloso. Y entre tantos cuestionamientos , no me daba cuenta de lo extraordinario que era simplemente estar viva.

Me tocó vivir en una época en que todo se ha vuelto muy superficial, en donde las circunstancias y el miedo nos bloquean, nos ahogan y nos paralizan. Donde el tiempo juega en nuestra contra y nuestras propias limitaciones entorpecen el camino. Vivimos deseando libertad y vivir al limite, pero nos aferramos a lo conocido y a lo seguro. Vivimos rodeados de tanta gente y al final del día terminamos sintiéndonos tan solos. Y si por casualidad encontramos un amor que merezca la pena, lo dejamos ir por no tener la valentía de decir: quédate. Vivimos en un mundo en el que preferimos perder un amigo a pedir disculpas. Vivimos de modo tan piloto, que muchas veces ni siquiera nos paramos a pensar qué estamos haciendo, o si lo que estamos haciendo realmente nos hace felices. Intentamos complacer a los demás y nos olvidamos de nosotros mismos o queriendo que alguien más nos haga feliz. Queremos tener más dinero, más éxito, ser más famosos, más guapos o populares… más de todo. Y sin embargo, aun consiguiendo estos logros, sentimos que la felicidad no llega tal y como la habíamos imaginado.

Sé que la vida no está hecha para cumplir cumplir nuestros caprichos al pie de la letra, y aunque he tenido muchas decepciones no quiero dejarla pasar imaginando, idealizando, equivocándome y perdiendo el equilibrio, no quiero perder más el tiempo. Es momento de tomar las riendas de mi vida y comenzar un nuevo capítulo, ser feliz por mí y para mí, cambiar mi perspectiva y empezar a ver la vida tan bella como es.

Quiero vivir intensamente, sin dramas y sin preocuparme de frivolidades que me amarguen el día. Despertarme nuevamente a la vida y dar gracias por la oportunidad de cada nuevo amanecer. Disfrutar al beber esa taza de café que me despierta. Leer un buen libro, escuchar y cantar o llorar a todo pulmón una buena canción llegadora. Quiero disfrutar de las pequeñas maravillas que no percibo por estar acostumbrada a ellas. Quiero disfrutar mi soledad, mis momentos de tristeza, de insomnio, de rupturas, todo aquello que me haga pensar que quizá no habrá un mañana, porque si lo hay, esa angustia pasará y yo seguiré aquí, con mis ganas de salir adelante, saboreando mi platillo favorito, dejando atrás todo aquello que me haga mal y haciendo una limonada con los limones que la vida me ha dado.

Quiero aprender a amarme y aceptarme como soy, con mis imperfecciones y mis manías, con mis virtudes y mis aciertos, con mis arrugas o mis kilos de más, siempre intentando mejorar. Quiero perdonarme si alguien alguna vez me hizo sentir insuficiente, con poca valía, después de todo, quizá sólo confundían su baja autoestima con su alto ego y de alguna forma querían bajarme a su nivel.

Quiero caminar despreocupada sin pensar en la meta, apreciando el paisaje y las sorpresas que el destino me depara. Patear las piedras que se interpongan en mi camino y que si me hacen tropezar o caer, tener el valor de levantarme y seguir adelante aprendiendo la lección. Soltar los miedos que hacen más pesado mi equipaje.

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Quiero dejar de llorar y soltar el pasado, cerrar ciclos, restaurar mi corazón, agradecer la experiencia y lo bonito que me dejo. Perdonar a quien de algún modo me ha hecho daño y sentirme liberada. Emprender nuevos comienzos, sin promesas, sin amores a medias, mediocres o tóxicos. Volver a amar o o gritar los “te quiero” que traigo atorados en el corazón.Volver a confiar desde la comprensión de que todos y cada uno de nosotros somos diferentes, sin importar quién rompió mi corazón, quién traicionó mi amistad o se alejó porque quiso, porque aunque dolió, sigo viva y me han enseñado lo grande que puedo llegar a ser.

Quiero cambiar mi actitud y dejar de ser egoísta y menos fría. Decirle a mi familia que la amo, escribirle a un amigo y decirle lo mucho que lo aprecio y lo extraño. Disfrutar más los besos, los abrazos, las sonrisas y las risas escandalosas. Sorprenderme con los mensajes inesperados. Borrar de mi agenda las citas incómodas y por compromiso, dejando sólo espacio para aquellas personas que merecen un lugar en mi vida, las que me hacen olvidarme del tiempo.

Quiero caminar bajo la lluvia y saber que no habrá tormenta que me haga detenerme a la mitad del camino y que al final, un arco iris estará esperando por mí. Respirar el presente, disfrutar cada momento, cada emoción, cada sutil aliento. De verdad… quiero vivir intensamente y empezar a ver la vida tan bella como realmente es.

Autor: Karla Galleta

 



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