Que ironía es verte tocar de nuevo esta puerta, misma que hace meses azotaste frente a mi nariz después de salir con una gran sonrisa que anunciaba felicidad. Recuerdo perfectamente como recalcaste una y otra vez que no habrías de volver, que con ella lo tendrías todo y más y que perfectamente ella sabría ocupar mi lugar.

No te importaron mis lágrimas que ahora viéndolo bien derramé tontamente. No te importó cuanto te supliqué que te quedaras, que superáramos lo sucedido, que yo lograría borrar todo de nuestra mente. ¡Cuánta ingenuidad! Cuanto podemos llegar a hacer por alguien que no lo ha de merecer.

No te importó verme tan mal y rota. Ni aquellas palabras de amor que a duras penas logré pronunciar. Tus oídos se ensordecieron para mí, tu vista ya no me miraba más. Tomaste tus cosas y con mirada vencedora te marchaste. Dejando todos nuestros sueños y planes. Dejándome a mí en soledad.

Fueron días en cautiverio, sin querer saber de nada y de nadie. Fueron días de amarga soledad, preguntándome una y otra vez que es lo que yo había hecho mal. Fueron días de descuidarme, de pensarte, de extrañarte y de mendigar amor, amor falso, ese que solo tú sabes dar.

Un encierro con la tonta esperanza de tu llegada, llegada en la que me rescataras, en la que me dijeras que todo volvería a ser como antes, que te perdonara, que te equivocaste. Y así pasaron días sin noticas tuyas, no pudieses imaginar todas las lágrimas que te derramé y si hoy lo confieso no es para agrandarte, es para que sepas que a pesar de todo logré superarte.

No puedes imaginar lo difícil que para mí fue. Evitar llamarte, mirar fotografías y no llorarte. ¡No buscarte!, no pensarte más. No volver a caer cuando pasaba por aquellos lugares que contigo visité. Fingir no sentir nada cuando nuestras amistades preguntaban por ti. Amarrarme el corazón para no sentir dolor sabiéndote con alguien que no era yo.

Pero lo que no te mata te hace más fuerte

Y tu traición no me mató. Me tumbó y permanecí días ahí, en esa zona en la que por alguna u otra razón no quería salir. Pero todos tenemos un límite y esto tarde o temprano iba a suceder. Empecé a extrañar a la mujer que fui. Y así como me caí me levanté. Con más fuerzas, con más ilusiones y más seguridad. Entendiendo que todo por alguna razón ha de pasar. Comprendiendo que si ahora no estás conmigo es porque no supiste que hacer con tanta mujer, tanta mujer que a su altura nunca supiste estar, por eso te fue más fácil engañar y dejar.

En algún momento te trataste de justificar, quizás para no quedar como todo un patán, argumentando cosas sin razón, en la que la culpable resultaba ser yo. ¡Que descaro! Al menos por una sola vez en tu vida hubieses asumido las consecuencias de tus actos, fajarte los pantalones y aceptar, que eres un ser muy inestable, alguien tan inmaduro que no sabe lo que quiere, que no razona lo que hace, que no valora a la persona con la que está.

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Y aun así supliqué hasta el cansancio que te quedaras. Mi poco amor propio rogó hasta hacerme perder la dignidad, hasta que dicha situación me acabó. Me dejaste como otoño pero renací como la primavera. Aprendí a quererme y valorarme y no creer más en las palabras de cualquiera. Adquirí mayor seguridad en mi persona y mi autoestima ahora se encuentra reconstruida. No hay pasado, ni fantasmas, ni miedos, ni rencores, nada que me atormente, que me enfríe, nada que odie.

Hoy solo tengo unas inmensas ganas de volver a amar y de volverme a entregar

Vienes y me hablas de ti, que no lograste ser feliz, que no has podido olvidarme y que has pensando en recuperarme. Que puedo decirte que no sepas ya. Te fuiste asegurando que no habrías de regresar. Y te creí y para mi sorpresa ahora estas aquí. ¡Demasiado tarde ya!, aunque el lugar que dejaste sigue vacío es imposible que lo puedas recuperar y es que te he dejado de amar. No mereces ni necesitas a alguien como yo a tu lado. Alguien que te amé y te respete, que te valore, que camine en las buenas y en las malas de tu mano. ¡Eso no lo mereces!

Y yo no merezco a alguien que mienta, que engañe, que lastime y que abandone. Un inmaduro que va por la vida rompiendo corazones. Y evita ya el culpar a alguien más. Ella solo fue un medio, una prueba para nuestra relación, pero tú fuiste quien falló. Tú fuiste quien no supo dar el ancho. Tú fuiste quien quiso jugar a ser un macho, uno de esos que no saben cómo tener a una sola mujer y buscan por tontos por fuera lo que en su casa ha de tener. Tú fuiste quien decidió cambiar lo que teníamos por un momento de placer. Así que no me vengas con tontas excusas, ¡asume las consecuencias de tus actos! Al menos por primera vez.

De mi parte puedo decirte que no te guardo rencor, pero tampoco amor. Hoy he superado cualquier dolor. ¿Qué si te he perdonado?, lo he hecho y no por ti, sino por mí, porque sé que después de ti viene algo o alguien mucho mejor y quiero estar en paz, quiero entregarme nuevamente completamente, teniendo siempre en mi mente que primero es el amor propio y luego el amor al prójimo.

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Hoy con toda sinceridad te digo que ya no estas más en mi mente y tampoco en mi corazón. Y que sin duda alguna te agradezco aquella traición, porque más que lastimarme me hiciste crecer, me hiciste valorarme y saber lo que en una relación no he de querer. Porque ahora mis expectativas son más altas, porque ahora tengo más abiertos los ojos y más cerrado el corazón y sé que quien logré entrar a él será alguien digno de merecer.

Ahora puedes marcharte por donde llegaste. Vuelve con la mujer que has hecho tu amante, a la cual también le debo agradecer, pues me ha quitado a alguien tan poco digno de merecer. Y si no eres feliz no es asunto mío. Dicen que el que ríe a lo último ríe mejor, y hoy la que llora y lamenta no soy yo. ¿En dónde quedó aquella sonrisa de triunfo?, que triste es ver que la hiciste riendo y la pagas llorando, pero al final de cuentas son las consecuencias de tus actos.

Antes de ser infiel, piensa que estas traicionando la confianza de alguien que te ama por alguien que quizá te olvide mañana

Autor: Stepha Salcas



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