No fue uno sino muchos mis intentos por lograr llamar tu atención, porque me notaras y te dieras cuenta de que mi luz a tu lado poco a poco se iba apagando y que yo comenzaba a cansarme. De mil formas te hice sentir amado y valorado pero a cambio nunca obtenía nada excepto desinterés y aquella llama del amor comenzó a extinguirse.

Llegué al grado de ahogarme en lágrimas, de enfadarme conmigo misma por intentarlo ¨una vez más¨, por hacer a un lado mi dignidad y de valorarme tan poco. No lo notabas pero poco a poco me fui llenando de dolor, de rabia e impotencia pues cada vez me parecías más inalcanzable y ¿cómo era posible eso? Como cuando tiempo atrás te habías declarado tan enamorado de mí, ¡era ilógico y absurdo!, era una realidad que me negaba a aceptar. Me heriste y me lastimaste tanto como pudiste, me subestimabas cada instante y aun así ¨mi amor por ti¨ me hacía continuar allí pero en mis horas de soledad, me exigía abandonarte y poner punto final.

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No hubo nada que no te entregara de mí, te regalé mi mejor versión, te abrí no sólo las puertas de mi corazón sino también de mi hogar, mi familia y círculos de amigos te recibieron muy bien y yo, no hubo momento y día que no me entregara, completa y sublimemente y aun así todo no fue suficiente, además de no valorar todo lo que se te dio a manos llenas tampoco estuviste nunca conforme.

Nuestros malos días se volvieron algo ¨normal¨. Llenos de inconformidad, reclamos, fastidio y peleas hasta por lo más mínimo. De principio lo soportaba, callaba cuando me culpabas tan sólo por no hacer más grande el lío y perdernos cada vez más. Me acercaba y te hablaba, trataba de hacerte ver cuán importante eras para mí y lo mucho que significabas, lo mal que esas tontas y absurdas peleas me hacían, ¡nos hacían! Más de mil veces te expuse mi sentir, te hice ver que lo nuestro no era un juego, que yo estaba profundamente enamorada de ti y que te quería por siempre en mi vida, para concretar nuestros planes y sueños pero juntos, sin soltarnos de la mano. Sin embargo, con el tiempo el libreto cambió, agradécele a tu indiferencia, tu falta de tiempo, de interés, tu cinismo y crueldad para decirme las cosas, la frialdad con la que me tratabas y la ingratitud que ante todo lo que hacía por ti demostrabas. Fue inevitable no dejar entrar la desilusión y decepción, fue inevitable que mis ojos no comenzaran a verte diferente; se acabaron los filtros y entonces tus excusas y justificaciones ya no valieron más nada, recordé aquello de que las personas nos dividimos en dos: las que te quieren y las que no y efectivamente tú eras de las segundas.

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Y entonces decidí alejarme cuando vi la realidad; tú no me querías, tú no cambiarías y tú no merecías mi amor. Intenté mil veces avanzar pero tu dabas varios pasos atrás dejándome a la deriva. Mi dirección nunca te parecía la correcta y por eso siempre terminabas tomando otro rumbo, nuestra situación parecía no dolerte, ni siquiera parecía que la sintieras y eso lastimaba aún más, pero precisamente fue gracias a ese dolor, a esa rabia e impotencia que me armé de valor, tomé mis maletas y decidí decirte adiós.

Te dije adiós con el corazón destrozado pero decidí no dar marcha atrás. No tenía caso invertir más tiempo y dar mi vida a alguien que no me quería amar, alguien a quien le daba igual si yo estaba bien o mal, alguien que no me dedicaba ni cinco minutos de su tiempo, alguien que no se detenía a escucharme realmente, alguien para quien de un día a otro comencé a ser transparente. Me cansé de mendigar amor, de esperar, de llorar, de volver a esperar un cambio, un milagro. Me cansé de entregarme completa y de que me hicieras pedazos una y otra vez. Pero mírame, hoy que he puesto punto final me encuentro nuevamente entera, ahora más segura, más fuerte, más tranquila y decidida a no volver a entregar mi corazón a un perdedor y es que sí, eso eres, ¡un perdedor que no sabe de amor! Y que tampoco pretende aprender.

y otra vez

Ya no hay nada que nuble mi vista, ahora soy una mujer más exigente porque sé cuánto valgo y cuanto merezco, mis parámetros aun aumentado y solamente eso es lo que me permitiré tener en mi vida. Y mágicamente ahora que tengo tan claro el panorama, tú tienes toda la intención de luchar por mí, por ¨nosotros¨, me haces promesas y me pintas todo muy bonito, juras y perjuras que habrás de cambiar, que todo lo que un día te pedí me lo habrás de dar. Incluso eres capaz de darme una mirada cansada y vencida, llena de dolor y sufrimiento pero, a decir verdad ya no logras convencerme y es que mi corazón ha dejado de quererte.

Quien diría que dejaría de amarte, quien diría que al volver te diría que no. Entiendo lo que sientes porque supongo no es fácil perderlo todo en un abrir y cerrar de ojos, no es fácil acostumbrarse a la falta de aquella persona que realmente te ama, no es fácil ser indiferente para el corazón que un día tanto te entregó. Qué ironía, cuando mi corazón sufría por ti tú gozabas de la vida y ahora que el mío ha sanado, el tuyo se encuentra sangrando de dolor. Bien dicen por ahí: valora lo que tienes antes de que la vida te enseñe a valorar lo que tenías.

Tú me perdiste y yo me gané a mí misma.

Autor: Stepha Salcas

Derechos de Autor.

 



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