Ha llegado el momento de despedirnos, de ponerle fin a esta historia de amor que fracasó, pero es particularmente doloroso cuando una de las partes, en este caso yo, aún conserva un fuerte lazo de amor. Te amo, y no quisiera dejarte ir, pero tampoco quiero retenerte porque sé que si te quedaras, no serías feliz, estarías a disgusto, sin voluntad, y no es lo que quiero.

Pase lo que pase, quiero que seas feliz. Me duele, desde luego, que no sea conmigo, me duele enormemente, pero qué le vamos a hacer, a ti se te acabó el amor y no es justo que te quedes sólo para no hacerme sufrir. Son cosas que pasan, el amor no es perpetuo.

Así es, el amor no dura para siempre, aunque siempre me quedará la espinita de pensar que pude haber hecho algo más, que parte de la culpa de que tu amor por mí muriera fue mía. Quizá no supe ser la pareja que tú necesitabas, no sé. ¿Qué hice mal? Quisiera saberlo. Di mi mejor esfuerzo, lo sé, pero siempre se puede hacer más. Ahora, sin embargo, ya es demasiado tarde. Te vas, y nada puedo hacer más que verte partir.

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Te llevas mis ilusiones contigo, mis ganas de amar, porque la verdad no sé si pueda volver a enamorarme, ya que la única esperanza de amor que tengo es que tú algún día te des cuenta que muy en el fondo aún me sigues amando, y le hagas caso a esa pequeñita parte de tu corazón y regreses conmigo…

…sueños, sueños solamente y nada más.

No volverás, lo sé, porque una entiende cuando el corazón del hombre que ama está vacío de sentimientos que antes colmaban toda su alma. Te veo, veo tu interior, y sé que no sientes por mí más que indiferencia, quizá un poco de pena, pero nada más.

Y a punto de que abras la puerta del coche y te dirijas a tu destino, sin mí, mi corazón late muy fuerte y un impulso casi me obliga a decirte:

“¡por favor, detente, amor mío, no te vayas, te lo suplico, quédate a mi lado! ¡Haré lo que quieras, cambiaré por ti, seré la persona que tú quieras!”

Pero no digo nada. Me quedo callada. Creo que es mejor así. Conservar mi dignidad, sin humillarme. Tomaste tu decisión, y la respeto. Me duele, sí, bastante. Voy a llorarte, sí, mucho. Pero de mí depende decidir si la vida se acaba aquí o si esto es un nuevo comienzo.



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