Te planteas un reto importante para tu vida y te pones manos a la obra. Tienes motivación, conocimiento y un buen plan para lograr tu objetivo.

Ahora viene la pregunta: ¿Qué ocurrirá cuando encuentres obstáculos en el camino?

Quizás te suene pesimista esa cuestión. Eso lo dejo a tu criterio.

Para mí, lo verdaderamente pesimista es partir con expectativas muy negativas:

– Voy a probar a hacer esto, aunque lo más probable es que no lo consiga.

meditar

– Me estoy metiendo en un lío del que no sé cómo voy a salir.

– Si algo puede salir mal, saldrá mal.

–No me animo a hacerlo.

–No puedo hacerlo.

Es muy difícil que consigas tu objetivo, cuando partes vencido de antemano. Pero también es difícil que lo consigas si partes con la creencia de que será un camino de rosas.

El exceso de optimismo también es un lastre. Porque, en cuanto encuentres los primeros obstáculos, tu ilusión se pinchará como un globo. Y no es que lo estés haciendo mal. Es que es así, duro.

Es probable que encuentres problemas y otras situaciones que quizás no se te han pasado por la cabeza. Y aceptar esta posibilidad te ayudará a enfrentar lo que ocurra de manera menos dramática.

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El plan que has trazado quizás no puedas cumplirlo a rajatabla. ¿Por qué? Porque no podemos prever ni controlar cada cosa que ocurre.

Tener esto en mente sirve para no sorprenderte tanto cuando encuentres un obstáculo.

¿”Uno”, he dicho? Encontrarás más de uno. Y no pasa nada. Son parte del camino.

Tal vez cometas errores inesperados o tu inspiración te abandone cuando más la necesites o tu casa se inunde… o qué sé yo.

Cuando emprendes un camino (hacia tu objetivo) es realista contar con los obstáculos y aceptarlos de antemano. Es positivo saber que forman parte de tu reto. Y así poder armarte con la actitud que necesitas para superar cada uno de ellos.

Así, ocurra lo que ocurra, es más difícil que te deje fuera de juego.

vida  no arame farpado

 



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