Qué fácil me había resultado quererla, tan fácil como ninguna otra. No se andaba con juegos de ignorarme para llamar mi atención, no ponía ninguna traba para que la quisieran; era sencilla y humilde y con un gran corazón, era transparente en sus pensamientos y emociones. Era honesta, sincera y directa. Brava, de esas que se le echa encima al que sea con tal de defender a las personas que ama. Era amorosa, de esas empalagosas que más que enfadar deseas que te hagan sentir especial. Era abierta, culta y a la vez simulaba que todo le daba igual, pero era ella, tan distinta e irreal, sin embargo, si lo era. Era fiel a sus sentimientos y a sus creencias. Un tanto bipolar, de esas que no terminas por comprender nunca pero más que quererte alejar te incitaba a acercarte más. Era de las que saben querer tal y como eres, de las que aceptan pero también te ayudan a mejorar. Era buena, auténtica, ella misma, única y completamente imperfecta pero real.

Había millones mejores que ella; más bonitas, más simpáticas, menos complicadas, más divertidas, más de sociedad y tal vez hasta más inteligentes y por mucho terminaban por enamorar a todos los hombres, mucho más de lo que pudiera hacerlo ella.

Sin embargo, ninguna te entendía tan bien, ninguna te ponía tanta atención o estaba en toda la disponibilidad de ayudarte, ninguna se preocupaba por ti como ella, ninguna te aceptaba con ese modo tan jodido y reseco que tienes de ser como ella. Era de las que siempre están presentes y los días en que no aparece, definitivamente terminas por echarle de menos. Podrías salir y hablar con otras pero ninguna te hacía sentir tan valorado e importante como ella. Valorado de verdad y es que ella es de las que te estudian, no importa si dices mucho o poco de ti, ella te observa, te evalúa y termina por conocerte tan perfectamente que acabas tan sorprendido de que exista alguien que invierta su tiempo para saber determinar tu estado de ánimo según tu saludo o tu forma de escribir. Ninguna tenía esa chispa especial ni esa locura sin igual que te hacía reír. Ninguna era tan loca, tan intrépida, tan arriesgada, tan ella, ninguna. Definitivamente había mejores, mucho mejores que ella, pero la realidad es que ninguna se le igualaba, de eso no había duda.


Ella no era hueca ni superficial, siempre tenía una opinión para cada tema, debatía, defendía sus ideales, incluso hasta se llegaba a molestar y es que era intensa, intensa en todo lo que hacía (eso sinceramente me atraía locamente).

Por más jodido que estuvieras te incitaba a ser mejor. Se preocupaba por ti como ni siquiera o tal vez sólo tu mamá lo hacía. Insisto joder ¡qué fácil me resultaba quererla! no importaba cuantas murallas hubiese construido para no dejarla entrar, no importaba mi frialdad e indiferencia, quererla no era opcional, era si o si, era un alma libre difícil de estacionar pero encantadora, lo era por más que a veces pareciera otra cosa. A veces sutil y a veces agresiva, celosa como ninguna otra, tenía de todo un poco, desde un principio sabía que jamás terminaría por descifrarla por más transparente que fuera y aunque quise alejarla aquí estaba, total y jodidamente enganchado a ella.


De algo estaba seguro, nunca le confesaría nada, seguiríamos siendo los leales e incondicionales amigos, no sé qué temía más: el hecho de que no encajara en mi mundo o yo no estar a su altura, éramos total y completamente distintos pero… ¡qué fácil me había resultado quererla!

Autor: Stepha Salcas  (Diario De Una Bipolar)

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