Esa punzada torácica seguida de un fracasado intento por coger aire, qué bonito es el desamor ¿eh? Siempre me ha gustado entrar al trapo y jugar al “hoy te quiero, mañana no” siempre con desenfado y picardía, manteniendo la jugada bajo control, pero… ¿qué pasa cuando falla la estrategia? ¿qué pasa cuando el juego se convierte en “hoy te quiero, mañana también”?.

Hace 4 años me prometí que no volvería a bajar la guardia hasta estar segura de que merecía la pena. Lo estaba consiguiendo, después de muchas incongruencias e innumerables decepciones. Y entonces apareciste tú. Tan seguro de ti mismo, tan convencido de quién eras. Me acuerdo de la primera vez que te vi, sentado en la mesa de aquel bar, y pensé ¿quién eres tú y por qué eres tan guapo? Acto y seguido pensé “bah, ni lo intentes”. Aún sigo asombrada de que ese día no te hubiera perdido la pista para siempre.

Lo siento si no he estado a la altura de tus expectativas, podría haber sido más emotiva, contarte más cosas sobre mí, explicarte la historia de por qué me apasiona la montaña. La vida no es justa, y mi alexitimia tiene una razón justificada. Razón que me he imaginado miles de veces explicándote desde el mirador que tantísimas veces me ha visto esconderme para llorar.

Me hubiera gustado decirte, que me vi reflejada en ti cuándo te brillaban los ojos frente al Mulhacen. Me habría encantado compartir contigo amaneceres bajo un saco de dormir en cualquier lugar del mundo. Pero sobretodo, me habría vuelto loca saltar el muro que te has plantado delante. Todo eso ya no pasará, y no sé qué me duele más, que no pasara, o que no pasará.

A fin de cuentas, el tiempo verbal es lo de menos. No he sido sincera contigo. Te dije que te avisaría cuando me muriera por ti. Y mientras tú te alejabas en silencio, yo te dejaba marchar, y entre tanto, ahogaba mi sentimiento de abandono en encuentros fortuitos con terceros, pero cada noche, al llegar a casa, tenía más claro que quería que en mi vida estuvieras solo tú.

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Aún así, no te lo dije, porque sabía tu respuesta. Hoy le he plantado cara al miedo de perderte y me has dicho “uno no manda sobre su corazón, aun sabiendo que eres perfecta para mí”. Leer eso ha sido como cogerme el corazón con las dos manos y estrujarlo hasta reventar. Gráfico y bizarro. El resumen de mi vida.

Desengañémonos, nunca he sido perfecta para ti. Te voy a echar de menos. Sobretodo tus momentos de venirte arriba y esquiar con temporal, correr diluviando o planear irte a Islandia. Tu locura es contagiosa y adoro dejarme contagiar. Pero no te voy a desear suerte. Y no lo siento, se llama despecho y hoy me voy a permitir el resentimiento.

 

Por: Andrea Sánchez



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