Llevaba un buen tiempo sintiéndome incompleta, sola, inconforme con la forma en la que estaba llevando mi vida, siempre culpando a las circunstancias, o  a otras personas de lo que no salía como yo quería.

Fue necesario tocar fondo, para darme cuenta que la única responsable de mis acciones era solamente yo, yo que me aferre a la idea de que necesitaba la aceptación de otros para sentirme plena, yo que deje de creer en mis sueños y me acostumbre a la rutina que me hacía tan infeliz, yo por renunciar a mi pasión, yo que la cambié por ambición.

Y así poco a poco, fui en cayendo en la trampa de la mediocridad, deje escapar mi esencia, mi felicidad.

avanzar

Cometí mil errores, me creí el cuento de que somos un complemento y no independientes, sin necesidad de otra mitad, me esforcé por ser la mujer correcta que alguien quisiera amar, simpática, divertida, pero común… una chica más.

A la mala descubrí que de  nada sirve esforzarse por encajar en la sociedad, que a final de cuentas, cuando se desgasta la apariencia, solo queda la esencia, que de nada valen las palabras, ni las promesas, vale más la sonrisa franca que se da sin esperar nada a cambio, que se da al natural.

 

Después de descubrir que me gusta ser quien soy, aprendí a, querer a quien me quiere, confiar en quien lo merece, compartir el tiempo con quien valora el mío, amar a quien me ama, y dejar marchar a quien no se quiere quedar.

Este proceso de transición me ha servido para constatar que me gusta la felicidad, que es preciso alejarme de lo que hace mal, que no es permisible dejar de soñar…

process

Descubrí que amo mi sonrisa, mi cabello, mi forma de actuar, me gusta saber  que soy capaz de amar. Me gusta ser esta mujer nueva, esta mujer que no para de luchar, esta mujer que acepta sus errores, que entiende que es necesario cambiar para avanzar.

Este proceso de transición que me  ha enseñado a valorarme, a fortalecerme.

 

 

 

 

 



     Compartir         Compartir