Como dice mi amiga, qué daño nos han hecho de pequeñas los cuentos de las princesas Disney. Crecimos creyendo que algún día llegaría un príncipe a lomos de su caballo blanco para rescatarnos y tras superar cientos de obstáculos casarse con nosotras en un altar sobre el que revolotean pajaritos, vestidas de blanco, flores en el pelo y con un final del estilo “… vivieron felices y comieron perdices”.

Y qué doloroso es despertar de golpe de ese sueño y descubrir que como dice Megan Maxwell en el título de una de sus novelas “Los príncipes azules también destiñen”. Las mujeres de hoy en día no necesitamos que aparezca un caballero andante de reluciente armadura para salvarnos de las garras del malvado dragón, los príncipes no son tan idílicos como los pintan y acaban poniéndote los cuernos con una de las doncellas del reinado colindante.

¿Qué lecciones de amor aprendimos de estas historias infantiles? En la Cenicienta nos decían que si ésta quería enamorar al príncipe tendría que cambiar su aspecto físico, Pocahontas mintió sobre su edad para conquistar al capitán Smith, los chicos son super tiernos cuando te secuestran según la historia de la Bella y la Bestia, un hombre como Aladdin que miente acerca de su origen nunca te mentiría acerca de otras cosas, Ariel pensaba que casarse con un tipo al que acababa de conocer nunca terminaría mal y el colmo de los colmos es el cuento por excelencia para las niñas: Blancanieves, donde la madrastra enseña que se puede hacer cualquier cosa empujados por la envidia y los celos, la protagonista se queda a dormir en la casa de 7 hombres solteros y aunque fuese una princesa su lugar es cuidar de los enanitos, cocinar y limpiar para ellos.

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Y, ¿qué pasa con esas princesas cuyo supuesto “príncipe” las haya abandonado en el castillo y se quedan sin el protagonista de su cuento?

Mientras mecanografío está sonando “Everybody´s Changing” de Keane, tengo el portátil abierto y me han enviado 2 nuevos flechazos en Meetic (el portal líder de encuentros en internet) y en mi móvil no paran de sonar los avisos de whatsapp de posibles candidatos para ser los siguientes coprotagonistas en mi historia.

¡Venga ya, dejémonos de cuentos!

Somos protagonistas de nuestras vidas y encargados de escribirlas, no dejemos que lo hagan por nosotros, nunca es tarde para volver a empezar y redactar un nuevo final.

 

Por: Alvaqueira



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