Conforme he ido pasando por diversas experiencias, la vida me ha enseñado que, sin importar la situación por la que estés atravesando o las circunstancias que se te presenten (así sean las más difíciles), lo más importante, siempre, ERES TÚ. Primero tú, después tú y al final tú. Quizá te preguntes: “¿no suena eso demasiado egoísta?” La respuesta es “NO”, no es por egoísmo. Te lo voy a explicar.

La primera razón es que, al final de cada lucha, de cada adversidad, todos se van, te abandonan, y te das cuenta que solamente cuentas con una persona: contigo mismo. Tú eres tu mejor compañía en las buenas y en las malas, recuérdalo bien.

La segunda razón es que, cuando sientas que todo se derrumba, la única persona que te dirá “¡aguanta, sé fuerte, tú puedes con esto!” serás tú mismo.

La tercera razón es que cuando, en el camino por alcanzar tus sueños y tus metas, tengas una derrota, tú serás el único que se dará fuerzas a sí mismo para levantarse y comenzar de nuevo, seguir andando y emprender nuevas batallas.

La última razón es que, sin importar cuántas equivocaciones cometas en tu vida, sin importar cuántos defectos tengas, tú serás la única persona que podrá juzgarte, y lo que te digas a ti mismo te hará reflexionar para esforzarte por ser una mejor persona cada día. Desde luego, no se trata de que seas un juez demasiado duro contigo mismo, no te lastimes, antes bien, señala tus errores para enmendarlos y dite a ti mismo lo capaz que eres de superarte y convertirte en una persona admirable.

Sólo me queda decirte una cosa: ámate, porque si tú no lo haces, nadie lo hará por ti.

Autor intelectual: Fernanda Rubalcava



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