En el transitar de la vida comprendí, que ser feliz, muchas veces, requiere un largo viaje y algunos golpes. Llevamos a nuestras espaldas una pesada carga de errores, ofensas, mentiras y heridas abiertas que nos hacen sentir decepcionados, culpables, fracasados y ofendidos. Y son justamente esas emociones las que no nos permiten avanzar, que entorpecen nuestro viaje.

Se nos olvida que antes que nada, somos seres humanos y que cometer errores, es una parte fundamental de nuestro aprendizaje y de nuestro crecimiento. De otro modo, nuestra vida, no tendría sentido.

Hoy decido reconocer que me he equivocado muchas veces, pero que no quiero pasar el resto de mi vida con pensamientos de reproche y culpa. En todo caso, prefiero aprender la lección que esos errores han traído a mi vida, ver cada error como un maestro personal que da la oportunidad de ver una nueva realidad ante mis ojos para aprender a mejorar y crecer.

Y es que perdonar a los demás es un tema recurrente en mi pensamiento, pero perdonarme a mí misma, es una tarea aún más difícil. Sobre todo porque me he sentido traicionada, herida, defraudada, pero continuar con estos sentimientos me hace sentir como una niña miedosa que corre en la oscuridad sin mirar atrás, suponiendo que el diablo la persigue, cuando lo ideal es enfrentarme cara a cara con aquel error o fracaso.

¿Por qué perdonar a los demás aun si han cometido delitos atroces sin antes perdonarme yo misma? ¿Por qué ser tan dura conmigo? ¡Ya basta de ser tan intransigente! Y hoy, simplemente decido que me perdono.

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Hoy me perdono por no abrazar más seguido a la mujer que soy, por no aceptarme, amarme, valorarme y respetarme lo suficiente. Por tener miedos e inseguridades. Por dar importancia a los demás decían u opinaban de mí. Por juzgarme, criticarme y compararme con los demás de manera tan cruel, por haberme sentido miserable, por los pensamientos de odio y lástima que alguna vez llegué a sentir contra mí, olvidando lo valiosa que soy . Al final de cuentas, sólo soy una mujer intentando cada día ser la mejor versión de mí misma.

Me perdono si alguna vez dejé que alguna persona me hiciera sentir insuficiente, que no estaba a su altura, simplemente, porque su falta de autoestima quiso arrastrarme a su nivel.

Me perdono por pensar primero en los demás antes que en mí, por querer ayudarlos, completarlos, cuando a veces, yo misma estoy hecha pedazos. Porque se me olvidó el principio básico de la vida: no se puede dar lo mejor, si no estás bien tú misma.

Me perdono si alguna vez dejé de ser quien soy sólo por agradar a los demás y conseguir su amor.

Me perdono si alguna vez fui egoísta y pretendí que me amaran pensando sólo en mí, olvidando que el amor es el regalo más hermoso y no se puede exigir.

Me perdono si alguna vez juzgué a alguien más sin conocer su historia, sin saber lo que había detrás. Por sentirme decepcionada, por poner expectativas demasiado altas porque así lo necesitaba (o me convenía), por haber guardado algún rencor, por haber callado lo que sentía o lo que pensaba, o por haber dicho lo que no debía.

Me perdono por dejar que me afectaran ciertos comportamientos de los demás hacia mí, por dejar me hicieran daño, porque si fue así, es porque yo lo permití. Comprendí, que yo soy mi propio dueño, y son mis pensamientos los que moldean mi existencia, y está en mí, vivir en armonía.

Me perdono por haber dicho “SÍ” cuando, en realidad, quería decir “NO”, por dejar que el amor y el compromiso me ganaran la carrera, por hacer lo que sea por no herir a los demás, incluso, si a ellos no les importó herirme a mí.

Me perdono si he tropezado varias veces con la misma piedra, aun cuando he jurado que no volverá ha suceder. Por no decir basta . Por encariñarme con personas que han robado mi paz mental, mi salud emocional, y hasta mi autoestima, cuando no merecían ni siquiera mi indiferencia.

Me perdono si alguna vez he tomado el camino equivocado, si deje de ser feliz y no disfrutar de lo que hacía, de mí, de los demás. Si me instale en la zona de confort y olvide mis sueños y dejé de luchar por mis metas, si dejé de aprender algo nuevo cada día. Me perdono si me olvidé de vivir, intentando sólo sobrevivir.

Me perdono por ser diferente, un poco rara, por muchas veces, no encajar. Por insistir siempre en querer encontrar un sentido que vaya más allá de la mecanicidad y la superficialidad en la que muchos se mueven día con día.

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Hoy me perdono TODO! porque sé que mi vida realmente ha sido maravillosa, a pesar de tantas perdidas y las heridas que he sufrido. Que si en algún momento me llene de dudas, inseguridades y resentimientos, fue porque así me lo permití. Que cualquier solución y respuesta posible, estaban en mí. Yo misma fui juez, acusada y verdugo de mi propia vida. Y de igual manera, yo me dicte las sentencias y me impuse castigos.

Pero no trato de buscar atenuantes, sino de aceptar que hoy, nada de lo que hice, puede ser modificado, porque en su momento, fue lo que sentí. Quizá, si hubiera actuado de otra manera, mi vida habría tomado otro rumbo, pero no lo hice. Y no fue un accidente del universo. Porque tanto mis aciertos como mis errores han moldeado todo lo que soy, y soy, ni más ni menos, el conjunto de todas mis decisiones. Y estoy orgullosa de ellas, porque aunque pudieron haber sido mejores o peores, si algo hubiese cambiado, no sería yo misma, no sería la mujer que soy ahora, y para ser sinceros, no hay nada tan maravilloso como ser una persona única entre millones de semejantes.

Hoy me perdono porque la persona más importante de mi vida, soy yo. Porque quiero aligerar mi viaje liberando mis culpas y mis miedos, sin resentimientos hacia los demás y hacia mí misma. Hoy me perdono todos mis errores y rompo las cadenas con las que yo misma me ate. Porque me quiero y quiero vivir… Me perdono, suelto y dejo ir lo que no me hace feliz!

Autor: Karla Galleta



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