A la persona que se amó jamás se le deja de querer; ahora te quiero de manera distinta, ya no como pareja o como hombre, pero sí como el amigo que un día fuiste. Porque algo tengo claro, no importan los motivos por los cuáles cerramos un  ciclo, esos me los guardo, pero prefiero atesorar las risas, los viajes, los amigos que crecieron junto a nuestra relación, las mascotas que llegaron para quedarse, las ocurrencias, las charlas con vino, las cenas sorpresas, los planes concluidos, la familia agrandada y muchos amaneceres.

No podría referirme a ti con otras palabras que no fuesen justas, porque si hiciera lo contrario estaría hablando mal de mí misma. ¿Cómo hablar mal de una persona que compartió mi  insomnio, mis entrañas y mi alma? No, no podría, cuando digo que te debo unas letras son justamente para agradecerte el haber formado parte de mi vida y yo de la tuya, sin reproches ni reclamos y con la convicción de saber que ese viaje duró lo que tenía que durar, una eternidad o un suspiro y fue mágico en su momento.

Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría….Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser.”* Y es que de eso se trata la vida, de compartir, crecer, fluir, dejar ir, agradecer y continuar el viaje.

Porque fuiste importante en mis días te regalo éstas letras.

 

* Julio Cortázar

 

por Ariadna Rodriguez



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