¿Quién iba a decir que, con este chico que apenas conozco de hace menos de un año, iba a vivir tanto en tan poco tiempo? Antes de presentármelo, una amiga de mucha confianza me dijo: “te va a caer muy bien, es buenísima onda”. Yo, desde luego, tenía mis dudas. Al fin, nos presentó, y mi primera impresión de él es que se trataba de un chico demasiado complicado y un tanto misterioso, y a mí nunca me han gustado los misterios, así que realmente al principio no me atrajo para nada.

Poco después tuvimos una oportunidad de platicar a solas y me pregunté si eso de basarse en las apariencias no podía estar un tanto mal, así que decidí darle una oportunidad. Sí, estaba convencida de que seguía siendo una persona misteriosa, pero al menos iba a tratar de develar ese misterio, para ver qué había detrás de esa sonrisa enigmática.

De esta forma, nos fuimos adentrando en la plática, conociéndonos el uno al otro, y gratamente fuimos encontrando puntos de coincidencia que nos hicieron caer en cuenta que teníamos más en común de lo que pensábamos. Intereses, aficiones, gustos, maneras de ser… tal parecía que nos complementábamos de una manera sorprendente. Nunca me imaginé que esa persona que al principio no me cayó tan bien, terminaría siendo mi novio. Sí, bastó poco tiempo para darnos cuenta que podría suceder algo entre nosotros, entonces decidimos echarlo a andar y funcionó, comenzamos una feliz relación.

Pero bien dicen que todo tiene un principio y un fin. Y así sucedió con nosotros, que luego de unos cuantos meses, decidimos ponerle fin a lo nuestro. No hubo un motivo en particular, simplemente creímos que la relación ya no daba para más. Pero, ¿es verdad que cuando el amor acaba y la relación llega a su fin, debes decirle adiós a esa persona para siempre? No necesariamente. Digo, habrá los casos en los que la pareja quedó en tan malos términos, que lo mejor es no verse nunca más. Pero, si las cosas terminaron bien, ¿por qué desaparecer a esa persona de tu vida? Nosotros no sólo no acabamos mal, sino que quedamos en términos bastante amigables. Y no me refiero a ese trato de cordialidad que muchas exparejas llegan a tener, no, con este chico en realidad me la puedo llevar bastante bien, él me apoya, es mi confidente, me anima, está a mi lado siempre que lo necesito, me quiere y yo lo quiero. Somos excelentes amigos. Sí, soy amiga de mi ex y me encanta.

El consejo que les puedo dar a las parejas que rompieron pero quedaron en buenos términos y desean continuar una relación de amistad, es que no se alejen el uno del otro sólo por el temor al qué dirán. Si ambos se quieren y se necesitan, no desaparezcan de la vida del otro, atrévanse a ser los mejores amigos, a pesar de su relación anterior y de lo que la sociedad piense. Créanme, de otra forma, se estarán perdiendo de una valiosa relación de amistad.

 

Autor intelectual: Cloe López



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