No podemos entender el porque una persona de la cual estuviste perdidamente enamorada se tiene que ir de tu vida, y a veces de las maneras menos esperadas. Cuando menos te das cuenta la distancia comienza a crecer entre el que una vez fue un gran amor. Después de haber entendido que perdimos a una persona importante para nosotros comenzamos a sentir que una parte de nuestro mundo se termino para nosotros, pensamos que no encontraremos a otra persona que nos haga tan feliz como esa persona lo hizo. Es difícil hacer entender al corazón que todo se terminó y que debe comenzar a entender que desde hoy en adelante tiene que aprender a vivir sin esa persona.

Pasa el tiempo y las heridas poco a poco cicatrizan y algunas a pesar del tiempo sangran de vez en cuanto, pero también con el tiempo comenzamos a entender que ese amor se ha perdido, se ha ido y no hay nada que hacer. Así es, lo mejor es hacerle entender al corazón que ese vacío que siente en su interior es porque esa persona se ha ido y sobre todo hacerle entender que no volverá, que no lo espere y que ni siquiera guarde una pequeña esperanza de que volverá.

Los primeros días son los más difíciles porque es el proceso de aceptación y el proceso en e que intentamos e intentamos olvidar cada uno de los momentos que pasamos a lado de esa persona; es el momento en el que esperamos con toda el alma que nuestro corazón sane porque existe una desesperación enorme por deshacernos de una vez por todas de todos los recuerdos y de todo lo que un día esa persona nos prometio. Pasa el tiempo y con él comenzamos a llorar cada vez menos por las noches, comenzamos a familiarizarnos con la soledad y comenzamos a preguntarnos: ¿por qué seguir llorando por un amor perdido?

¿Por qué después de tanto tiempo seguimos desperdiciando nuestras lagrimas por un amor perdido? No vale la pena seguir desgastando nuestras lagrimas, nuestro tiempo y nuestra mente en una persona que se ha ido y sobre todo en una persona de la que estamos seguros que no volverá. Es mejor dejar de llorar y comenzar a ver el futuro, comenzar a levantar nuestro rostro y seguir adelante porque el tiempo no se detendrá ni las lagrimas se secarán para no llorar. Lo mejor es entender que la vida sigue con y sin esa persona. Comprender que esa persona no tiene nuestra vida en sus manos y no vale la pena seguir pensando en ella porque sabemos que no volverá, porque sabemos que quizá esa persona ni siquiera se encuentra pesando en nosotros. Son muchas las posibilidades de que seguir pensando en esa persona es la razón de la que no podamos dejar sanas las heridas. Sabemos que si no sanamos a nuestro corazón nunca podremos seguir adelante y nunca podemos decirle el adiós a esa persona que tanto se lo merece. Toma todo el valor necesario y enséñale a tu corazón que él se ha ido y que ya no lo espere nunca más.



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