¿Por qué muchas veces somos incapaces de desligarnos de relaciones y situaciones ya caducadas? ¿Por qué nos es tan difícil el proceso de aceptar, soltar y enfrentar una relación o una situación que ya no existe?

La perdida de una persona que se ama, en cualquier circunstancia siempre será dolorosa y difícil de aceptar. Sí, como nos duele perder alguien especial, como nos duele saber que ya no va a estar más a nuestro lado, como se sufre al no tener su amor y esos pequeños detalles que tantas veces no tomamos en cuenta y no valoramos, pero desafortunadamente así es la naturaleza humana.

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El saber que ya no está más en tu vida y que esos bonitos recuerdos sean muchos o pocos, carcomen la mente y el corazón. Puedes incluso llegar a sentirte excluido, abandonado, con miedo infinito a la soledad. No puedes dejar de pensar en otra cosa que no sea esa persona, pierdes el control de ti mismo y te dejas hundir en un mar de tristeza y amargura, donde sólo la idea de volver con tu ex te genera un poco de luz y satisfacción efímera.

Es por eso que algunos dicen que es demasiado difícil dejar el pasado atrás y sanar, y definitivamente creo que lo es, pero la verdad de las cosas, es que también, la mayoría de la gente se deja morir en su zona de confort.

Algunos creen que lo normal es seguir con esas emociones tóxicas en nuestra cabeza, aunque éstas estorben el crecimiento o la llegada de nuevas experiencias; llegan a pensar incluso, que en algún momento todo se solucionará como “por arte de magia”.

Tal parece que hacer duelos, los cuales obviamente duelen, es algo que pocos están dispuestos a vivir. Y eso tiene una explicación clara: vivimos en una sociedad que le huye al dolor y sólo celebra el placer; en medio de lo duro que puede ser terminar una relación agonizante decidimos anestesiarnos con los recuerdos, esos que son como tener una espinita imperceptible en la planta del pie, que tal vez sí nos permite seguir adelante, pero que punza suavemente y no nos deja tranquilos.

Los ciclos abiertos, esas puertas que dejamos de par en par, se convierten en una fuerza que chupa nuestra energía. Aunque miremos hacia adelante y caminemos con fuerza, siempre estarán llamándonos al pasado, esperando ser cerrados.

Esto sucede, porque siempre lo más fácil es “no hacer nada”, permanecer estáticos, como simples observadores. Es ahí cuando la mente se vuelve en el principal asesino silencioso, que la va acostumbrando a vivir a medias.

Dicen que los seres humanos tenemos memoria selectiva y nos acordamos sólo de lo que nos conviene. O como lo afirma Massimo Gramellini: “Preferimos ignorar la verdad para no sufrir, para no sanar. Porque de otro modo nos convertiríamos en aquello que tenemos miedo de ser: seres completamente vivos”.

Por eso, cuando enfrentamos una crisis o un cambio difícil en nuestra vida, en un principio, nos angustiamos o entramos en shock y buscamos mil remedios mágicos, pero después, conforme va pasando el tiempo, nos vamos ajustando a ese molde.

Pero estas deudas del corazón o ciclos abiertos no siempre tienen que ser cerrados tan drásticamente como muchos artículos del Internet nos están animando a hacerlo, si analizamos bien la situación nos daremos cuenta que algunas veces es importante, sano y hasta necesario “no quemar algunos puentes”, un ejemplo claro es cuando hay un divorcio y existen hijos de por medio, ya que para que el crecimiento y la educación de ellos sea sano debe existir un acuerdo de cómo hacerlo entre los padres para mantener el equilibrio. Hay que tomar las cosas con más naturalidad, darle menos importancia a muchos de estos “dramones” del pasado (dramones porque los psicólogos y demás “sanadores” nos animan a pintarlos así). Muchas veces no hay ningún drama, y se puede pasar a la “etapa” siguiente sin ser necesario arrastrar todo este sufrimiento constante.

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Otros ciclos se pueden cerrar simplemente mirando a los ojos a esa persona con la que tenemos algo inconcuso o pendiente para decirle eso que tanto queríamos decirle, y no para una conciliación, sino para sacarnos la espinita atravesada, y caminar con más libertad. Dejar cosas pendientes, amarras sueltas, palabras no dichas y besos guardados es lo peor. Lo pendiente no te deja tranquilo, y al final te pasa la cuenta. Es un desgaste eterno. O es la culpa o es la pena.

Hay personas que han sido tan importantes en nuestra vida que olvidarles sería imposible.Personas que han tocado fibras tan íntimas de nuestra alma que han cambiado nuestra vida, unas de manera positiva y otras no tanto. Aquí el punto es aprender a hacerle frente a las circunstancias en la que nos ha colocado la vida, aceptar que esa etapa ya fue, quedarnos con lo positivo que nos ha dejado, no mirar atrás para resaltar los errores que hemos cometido ni para pensar en lo que pudiste hacer, curar las heridas que ello ha dejado y seguir adelante.

Creo que definitivamente hay círculos que nunca se podrán cerrar del todo, porque por lo general todo esta abierto hasta que morimos es simplemente que dejamos de tocarlo para no seguir lastimándonos, lo que sí podemos y debemos hacer es soltar las emociones (resentimiento, amargura, pena) que nos hacen daño y no nos dejan avanzar, tenemos que aceptar el hecho de que no funcionó, -por lo que haya sido- y de que hoy en adelante las cosas no son ni serán ya como antes, tenemos que perdonar a quién nos hizo daño o simplemente se fue, pero principalmente tenemos que perdonarnos nosotros mismos (es muy liberador), sólo así crecerás y renacerás; tenemos que aceptar el compromiso de comenzar una nueva etapa ligeros de equipaje porque lo merecemos.

Está bien haber vivido lo que viviste. No te culpes. Hiciste lo que estaba en tus manos y es bueno darse el permiso de fallar. No somos perfectos. De verdad que no hay nada más liberador que el agradecer mil veces esa experiencia que vivimos, haya sido el tiempo que haya sido, y obtener lo positivo de esa situación, por más dolorosa que parezca. Siempre existen bendiciones escondidas detrás de las crisis. El agradecimiento es una forma maravillosa de reconocer nuestra fragilidad como humanos y saber que existió una razón maravillosa para haber experimentado lo que experimentamos.

No pienses nunca que una relación fallida es sólo un resultado de tu mala suerte, porque eso no es verdad, tienes que darte la oportunidad de obtener un aprendizaje de ella y no volver a cometer los mismos errores del pasado, más libre y más tranquilo. Acepta y agradece lo que tienes ahora, dale el real valor a cada cosa y persona. Sólo así podrás evolucionar y construir un mejor lugar en tu interior para atraer personas especiales a tu vida.

Resulta conveniente para nuestra mente, corazón, alma y cuerpo, rescatar los buenos momentos, porque todo lo que hemos vivido forma parte de nuestra historia. Lo que somos ya lo llevamos por dentro (nadie nos lo puede sustraer).

“Cerré los ojos y le pedí un favor al viento: Llévate todo lo que no sea necesario. Estoy cansada de equipajes pesados que no me dejan avanzar. De ahora en adelante solo quiero llevar lo que quepa en mi bolsillo y en mi corazón.”

 

Escrito por:  Karla Galleta



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