Terminar una relación siempre es doloroso, es terrible, pero jamás me había dolido tanto terminar una relación cómo el decirle adiós al que creí era mi alma gemela. Se supone que cuando terminas con alguien es porque ya no lo quieres ¿no?, cuando una relación se rompe es porque ya no hay nada entre la pareja ¿cierto? No, no siempre es así. Déjame que te cuente.

Poco antes de cursar la mitad de mi carrera, comencé a salir con un chico, vamos a llamarlo Haa, Haa parecía perfecto, o al menos lo era para mí, compartíamos todo, momentos, llantos, exámenes, risas, llantos, en fin, se convirtió en uno de los pilares más importantes de mi vida, y sé que yo lo era para él. Llegamos a compartir historias donde nos veíamos juntos mucho tiempo, en donde armábamos nuestro futuro de la mano.

Así fue nuestra vida durante 2 años y medio, todo era juego, risas, nos la pasábamos super bien juntos, no había problema que no supiéramos arreglar, generalmente terminaba todo en tregua bajo las sábanas, sabíamos sobre llevar la vida juntos, hasta que llegó la hora de graduarnos.

Aunque estábamos seguros de que viviríamos toda una vida juntos, aunque caminábamos de la mano y comenzábamos a pensar en qué departamento rentaríamos para vivir juntos, al graduarnos todo cambió.

Entonces, después de 2 años y medio de relación, de más de 2 años en donde todo parecía perfecto, en donde nada de su personalidad me molestaba y pareciera que el tampoco sufría al estar conmigo, más de dos años que parecía nada nos separaría, BOOM, justo al graduarnos algo se nos rompió en las manos.

Así sin más, nuestra relación dio un giro extraño, ya no me sentía identificada con él, ya no sentía que fuéramos el uno para el otro como antes, por más que me esforzara, por más que nos esforzáramos, entre nosotros había un tempano de hielo, no podía sentirlo cerca aunque me llevara de la mano.

Pensé que solo era una fase, esa que a todos les pasa cuando acaban de graduarse, pero después entendimos que no, que algo cambió, algo se rompió. Es aquí en donde mi cerebro, mi razón y mi corazón comenzaron a colapsar, es decir, ambos sabíamos que románticamente ya no podíamos estar juntos pero, no era algo que pudiéramos adoptar tan fácil, es decir, mi relación anterior había terminado de manera abrupta, como una explosión pero esto era distinto, una parte de mí no quería separarse de Haa, el seguía siendo mi mejor amigo, él era mi otra mitad, habíamos construido tanta historia juntos que no podía poner el punto final al cuento. Simplemente no podíamos dejarnos, sin embargo lo hicimos.

Es por esto que digo que la parte más difícil de terminar una relación, es darte cuenta y convencerte a ti mismo que hiciste lo correcto, es aceptar que vas a decirle adiós para siempre a ese ser que te levanto tantas veces, a ese que siempre terminaba por secar tus lágrimas, el tratar de despedirte, es como revivir esta dolorosa historia una y otra vez, es romperte en mil pedacitos cada que se te ocurre recordarlo.

No fue fácil, me llevo mucho tiempo pero entendí que a veces las mejores decisiones son las que más trabajo te cuesta tomar.

Por más miedo que tengas debes aprender a diferenciar que a veces, forzar las cosas lastima, duele y destruye las más bellas historias que hayas logrado forjar.

No sé qué nos pasó a Haa y a mí, pero de lo que si estamos seguros es que la mejor decisión que tomamos, fue la de dejarnos ir, es doloroso, sí, pero cuando logras mirar al frente con la mirada alta y el corazón armado, te das cuenta que es la mejor decisión que pudiste tomar, no tengas miedo a brincar, aprende a escuchar y a hacerle caso al corazón, no te aferres, no trates de mantener a la fuerza a alguien, puedes romper algo más que tu propio corazón.



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