A veces pasa, que sin darnos cuenta, los sentimientos se evaporan;  provocamos dolor,

causamos heridas que terminan por disipar el amor.

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Ahora entiendo que eso fue lo que nos pasó, casi sin darnos cuenta, nos fuimos alejando, dejamos de luchar, fallamos a todas las promesas que nos dimos, sobre todo a esa de adorarnos, de nunca dejar de luchar por construir juntos nuestra felicidad.

Sé que no te puedo culpar solo a ti, que tengo que tomar parte de la responsabilidad, pero la verdad es que me cuesta aceptar, que fuimos muy débiles por dejar de luchar, por rendirnos ante la primera piedra del camino, por tenerle miedo a la magia que significa poder amar.

Le tuvimos miedo al amor, nos ganó la batalla la decidía, la monotonía, la desilusión.

Ahora que solo me acompaña la soledad, debo admitir que no hay momento en que no te extrañe, pero sé que me toca entender que ya no volverás.

Sé muy bien que ya no hay marcha atrás, que debo aceptar que fue tu decisión marchar, sé que es preciso cerrar el ciclo, perdonarte y perdonarme para poder avanzar.

Se escribe fácil, pero que difícil se me hace renunciar a quien creí que era mi gran amor, mi único amor, me faltas tanto, que incluso me cuesta dormir, yo que estaba tan acostumbrada a dormir abrazada a ti, tan acostumbrada que incluso me parece insoportable despertar sola, despertar sin ti.

 

No me queda más que llorar para sanar mis heridas, para curar este dolor, pero nunca dejaré de

reprochar nuestra cobardía, nuestra manera tan insensata de actuar.

¿Qué demonios nos pasó?  fuimos tan tontos, destruimos lo mejor que nos pasó.

A donde se fueron las promesas, el futuro que deseábamos construir,  a donde se fue todo el amor, todo los sueños que nos prometimos los dos

Ya he perdido la fe, no queda nada más que hacer, esta vez nos tocó  perder, el  amor se apagó, sin embargo sé, que aunque por siempre te recordaré, eres una lección que tenía que aprender.

 

Nunca más dejaré que el miedo me haga perder, espero que tú lo hayas aprendido también.

 

 

 



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