Nuestra historia comenzó cuando éramos  apenas un par de adolescentes, fue de esa clase de amor que se da a primera vista, así naturalmente y sin buscarlo.

Recuerdo que la primera vez que nos vimos, él  llevaba puesto un suéter azul turquesa, recuerdo cada detalle como si hubiera sido ayer, recuerdo el aroma de su perfume y su sonrisa  retorcida que me cautivo…

por siempre

 

Tenía ese aire de chico rebelde, desenfadado, un tanto sínico, y aun que eso al principio me molesto, poco a poco descubrí que  era solo la carcasa que protegía a  su dulce corazón.

Nos hicimos novios, nos enamoramos como locos, y poco después de un año, sin el permiso de nuestros padres para casarnos, decidimos fugarnos; no puedo explicar la sensación que sentí cuando me vi junto a él, tomando un bus sin destino fijo…

.-Cualquier lugar estará bien si es junto a ti. Me dijo.

Yo, a mi corta edad y perdidamente enamorada, deje de pensar en las consecuencias, deje de lado los prejuicios, estaba con él y no me faltaba  nada más.

A nuestras familias, no les quedo de otra que aceptar nuestra decisión y al poco tiempo, no casamos… una bella celebración , pero lo más hermoso fue la promesa de permanecer juntos hasta el final.

Siempre tuve la certeza de que él era  mi alma gemela, mi decisión correcta, nos hicimos la promesa de luchar por nuestra felicidad, de construir nuestros sueños, de nunca rendirnos, de dibujar  un mundo para los dos.

Y así fue, a pesar de algunas malas épocas, siempre encontramos la manera de sobresalir, en nuestro caso, el amor lo pudo todo, no pude tener más suerte de encontrar un compañero así, el que siempre fue mi apoyo y mi sustento, mi fortaleza, en pocas palabras mi sonrisa más franca.

A pesar de los años, seguíamos siendo ese par de enamorados locos, siempre ocurrentes, cariñosos…

recordar

Hasta que un día, descubrimos que algo en el no andaba bien, sus recuerdos se borraban lentamente y sin poderlo evitar… el médico lo diagnosticó con  Mal de Alzheimer, fue como un balde de agua fría, pues él que siempre había sido tan fuerte, se debilitaba, su memoria se rendía.

Su condición se volvió cada vez más complicada con los años, su salud también se deterioró, pero yo, como prometí el día de nuestra boda, permanecí con el cada día, sufriendo en silencio la agonía de dejar de ser su amor, para convertirme en una extraña más.

Nunca fallé a mi promesa de quedarme, permanecí a su lado en su lecho de muerte y en su último suspiro, con su mirada fija en mí. Me gusta creer que en el último momento me reconoció, pues su sonrisa volvió;  le susurre al oído, ” gracias por hacerme tan feliz,  nunca te olvidaré,  esperaré paciente el momento de partir junto a ti”.



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