Siempre vamos buscando un lugar o un circulo social, incluso a una persona y desarrollamos un sentido de pertenencia, porque entre menos lazos familiares, amistosos o amorosos tengamos, más necesidad tenemos de pertenecer a un lugar o a alguien.

Pero esto, puede ponernos en una línea muy delgada entre lo bueno y lo malo. Porque podemos adaptarnos a cualquier cosa o a cualquier persona y muchas veces pese al tormento, nos quedamos ahí, para no tener que irnos y estar solas de nuevo.

Pertenecemos a quien en verdad nos quiera a su lado. quien se preocupa y desvela por nuestro bien. De alguien que nos protege como un salvaje, no de quien tiene celos todo el tiempo, porque una cosa es proteger y otra es celar. Pertenecemos a un amor que cura heridas y renueva la piel cicatrizada.

Pertenecemos a un circulo amistoso, donde se acepta cada parte de nuestra personalidad, donde no hay criticas, ni envidias porque existe el respeto y la tolerancia, ese grupo de amigos, nos permite crecer porque nos da la mano cuando lo necesitamos.

Pertenecemos a quien también se entrega por completo, sin la necesidad de engaños ni mentiras. Porque no sirve de mucho que uno sea todo y el otro sea mitad.

Y cuando digo que pertenecemos no lo digo como un objeto, como una cosa más que es objeto de alguien más, lo digo como un sentimiento de bienestar, de apoyo que nos causa un confort, porque con amor, apoyo y comprensión. Cualquiera se siente bien y nos crea sentirnos simpatizantes de esa o esas personas.

Pertenecemos a quien también se siente pertenecido, porque de este modo se logra un sentimiento recíproco. Siempre seremos prioridad, pese a nuestra historia individual, nuestra apariencia, nuestros errores. defectos, virtudes, ideas, expresiones y nuestros gustos.

Entonces a quien acepte eso sin reclamar, disgustar o querer cambiar, a ese… a ese grupo o a esa persona pertenecemos.



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