Hay personas que te ayudan a cambiar. Éstas se alegran de que hayas decidido emprender algo bueno y, como te aprecian, te apoyan para que tengas éxito.

Pero también hay otras personas que no es que no te apoyen… Es que no les hace ninguna gracia que cambies, hasta el punto de tratar de impedirlo.

Es comprensible que pueda surgir alguna resistencia al cambio cuando éste no te afecta únicamente a ti, sino que salpica también a los demás. Y habrá a quien no le apetezca nada adaptarse a la nueva situación, ya que está acostumbrado a lo de siempre.

Básicamente, quienes no quieren que cambies se dividen en dos grandes grupos: Aquéllos a quienes tu cambio les perjudica (y, obviamente, no lo celebran) y aquéllos que no quieren cambiar.

Imagina que has decidido apuntarte al gimnasio, en lugar de irte a jugar a las cartas por las tardes con Pepe.Pepe está acostumbrado a que juegues con él. La situación, hasta ahora, le ha sido beneficiosa. Por lo tanto, no quiere que cambies.

El ejemplo es muy simple. Probablemente, Pepe se acostumbre a pasar las tardes sin ti, aunque le escueza. Pero piensa en cambios más trascendentes.

Hay personas que tratarán de impedirte que cambies porque pierden la ventaja que tenían antes contigo. Algunos te pondrán la zancadilla bien puesta y otros, quizás, intenten disuadirte sin darse cuenta de que están velando por su interés (no por el tuyo).

Vamos con el segundo grupo: La gente que no quiere cambiar.

A estas personas les asusta el cambio. No se ven capaces de cambiar. Y el hecho de que tú lo hagas les supone una faena.

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Esta vez es Antonio el que no ve con buenos ojos que vayas al gimnasio, porque él no está dispuesto a renunciar a sus ratos de vagancia y se huele que tú, dentro de un tiempo, estarás luciendo cuerpazo y deslumbrando a las mozas. ¡Qué rabia!

Piensa en otro ejemplo más serio. La cosa es que, para estas personas, tu cambio será un recordatorio de lo que ellos no pueden o no quieren hacer.

Así es que te contagian sus miedos. Te dirán que no puedes; que es una tontería; que apuntas hacia donde no es. Intentarán mantenerte a ras (que es donde ellos están). Y, si hace falta, te tirarán de las piernas cuando comiences a elevarte.

Si cambiar ya supone esfuerzo, ¿para qué añadirle más dificultad al lado de personas que te están frenando?

Cuando notes que está ocurriendo algo de esto, pon algo de distancia entre tú y estas personas. O, al menos, evita comentar con ellas el asunto en cuestión. Después de todo, es más fácil que se acostumbren a la situación una vez que vean que has cambiado.

Y, desde luego, acércate a esa gente que cree en ti, que te anima y está ahí, contigo, haciendo fuerza.

Fuente por: Motivación.

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