Todas las personas que llegan a tu vida tienen una razón de hacerlo. Algunas para amarte, para enseñarte como vivir, para hacer que te reencuentres, otras inclusive para lastimarte logrando con ello hacerte más fuerte. Otras llegan porque precisamente eres tú quien les enseñaras algo o tal vez eres tú quien necesita hacerles daño. Habrá quienes se queden y otras que se vayan, unas más que se queden como recuerdo y tal vez otras a las que no deseas siquiera recordar. Pero siempre, siempre te dejaran un poco de si y se llevarán un tanto de ti, nunca habrá quienes no te dejen nada, inclusive las heridas es bueno agradecer, porque al final del día son esas las que te harán que te reconstruyas, harán que te pongas de pie con más fuerza, te harán una persona más humana, te harán sin duda alguna crecer.

En este punto de mi vida es que comprendo porque algunas personas llevan el nombre de tormentas

Y es que hay personas que entran a nuestra vida y lo cambian todo, lo hacen como si en verdad fuesen tormentas, algunas llegan y hacen de nuestra vida un completo caos, inclusive al irse vuelven a hacerlo y otras a pesar de haber provocado dicho caos se quedan para apaciguarnos, pero todas sin duda alguna nos dan una lección, una que nos ayuda a ser mejor.

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Existen todo tipo de personas (afortunada y desafortunadamente), que fortuna si todas nos hicieran un bien y que desfortuna si todas fuesen iguales, pues no aportarían nada diferente ni extraordinario a nuestra vida. Tengo la convicción de que las mejores son aquellas por las que tu corazón vuelve a palpitar. Esas por las que vale la pena bajar un poco la velocidad y pararte, e inclusive estacionarte. Esas por las que vale la pena suspirar, respirar y volver a creer.

Aquellas que te enseñan a valorar, valorar todo aquello que realmente importa; un amanecer, la puesta del sol, un cielo estrellado, los detalles (incluso los más pequeños que creemos insignificantes), una caminata bajo la lluvia, encontrarles formas a las nubes, una mirada que lo dice todo y un beso que es capaz de poner a temblar. La forma tan peculiar que tiene alguien para sonreírte, la calidez que te regala al unir su mano con la tuya, un abrazo que te estruja y que al mismo tiempo pega cada parte de ti rota. Un amanecer al lado de quien sientes amar, una palabra de amor que se mete en lo más profundo de tu corazón.

Detalles, detalles y más detalles que hacen que todo tenga sentido, que estemos de vuelta en el camino y que volvamos a creer, sin importar cuantas heridas nos hicieron en el ayer

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Son esas pequeñas cosas, esos momentos, esos sentimientos y emociones que lo cambian todo. Todo ello provoca que uno desee hacer las maletas y quiera salir corriendo sin importar lo que marque el destino, todo con tal de volver a sentir y respirar amor. No importa si ya te han lastimado antes, hay personas que te hacen recobrar valentía, tanta que eres capaz de saltar al abismo, inclusive con los ojos vendados.

Hay personas que aparecen y lo cambian todo y hacen que nada importe y a la vez que todo empiece a importar. Personas que no salen de tu pensamiento, que son lo primero que miras al despertar inclusive sin estar frente a ti. Personas que hacen que te dejes llevar sin pensar hacia donde te diriges, porque no importa el lugar, porque sabes que ahí estará. Personas que terminan haciendo más bonito tu mundo. Personas con nombre de tormentas… porque llegan y lo cambian todo.

Autor: Stepha Salcas



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