Cada que vuelvo a mirarte, es imposible no volver a sentir aquellas estúpidas mariposas que revoloteaban en mi barriga cuando te vi por vez primera.
No importa cuántos años hayan pasado, sigue tan latente tu recuerdo en mí que creo que jamás te olvidaré.
Además: ¿Quién querría en su sano juicio olvidar a su primer amor?, ese que estuvo conmigo en las buenas, en las malas y en las peores. El que siempre me apoyó y me ayudó en mis locuras. Ese quien tocó mis labios por primera vez y quien me hizo pasar de niña a mujer.
He de confesar que se siente tan bien mirarte nuevamente. Lo cierto es que ya no soy aquella niña que juró amarte por siempre. ¡NO!, no me malinterpretes, aún te amo con cada parte de mi ser. Aún logras erizar mi piel con tu contacto. Aún me pone nerviosa tu mirada y esa sonrisa pícara logra sacar lo más perverso de mí que sólo tú conoces. ¡Me siguen intimidando tus besos!, porque sabes cómo comenzar y en qué momento subir la intensidad hasta hacerme caer rendida en tus brazos.


Eres quien me conoce cada lunar, cada peca y cada cicatriz. Quien me hace temblar con el sólo roce de sus manos y quien despierta cada célula de mi cuerpo. El único capaz de embriagarme con su aliento. El primero en hacerme sentir amor verdadero. Todo lo que me haces sentir y lo que ha sido nuestra historia suena tan bonita y romántica, pero la verdad es que…
Quisiera poder decir que después de ti volví a amar y que amé mucho mejor. Que en lo que contigo fallé con alguien más lo enmendé. Quisiera poder decirte que por momentos logré olvidarte y que la misma felicidad que tú me haces sentir cada que reapareces en mi vida, la he sentido con alguien más. Sin embargo te mentiría.
Continúo con la maldita manía de buscarte en cada personaje que se cruza en mi camino. De querer hallar en esa persona los detalles que tú sueles tener conmigo. Busco tu calor, tu olor y tus caricias y termino sintiéndome tan miserable al caer en cuenta de que él… No eres tú.
Si tan sólo pudieses mirarte con mis ojos y sentir con mi loco corazón que te aclama día y noche, comprenderías que efectivamente no soy feliz. Que desde aquella decisión mal tomada se marcó un antes y un después de ti. Y es tan notorio diferenciar el antes y el después… La sonrisa que te enamoró de mí sólo vuelve cada vez que tú apareces. Cada vez que me llamas. Que me buscas y que me estrechas en tu pecho. Esa es mi verdadera felicidad, la que tu amor a ratos me puede dar.

ser mejor

Y juro que te he llegado a odiar tanto como te amo. Porque por mi cuenta no logro superar aquel ayer que me marcó tanto. No logro arrancarte de mi piel. Estoy cansada de luchar por ti y ver que es en vano. Sé que me quieres pero también sé que la quieres y eso me parte en dos.
Estoy cansada de llorarte. De esperarte y sentir estúpidamente que mi felicidad depende de ti.
Me fastidia siempre compararte con las personas que llegan a mi vida y que precisamente TÚ siempre ganes. Que siempre logres ser mejor que ellos. Que me hagas extrañarte cuando creo que voy superándote.
¡Esta situación es muy injusta para mí! Sé que ninguno planeó esto. Que el destino se encargó de juntarnos después de cada adiós. Que sin pensarlo llegamos demasiado lejos. Y que para ti también es difícil tenerte que dividir en dos.
Sinceramente ya no he de pedirte más nada. Si bien dicen lo último que muere es la esperanza, pero los años me han dejado devastada. Quiero tirar la toalla. Quiero no pensarte más. No extrañarte y no desearte tanto. Quiero que ya no sean tus manos las que me hacen estremecer. Quiero no soñarte, no compararte y no buscarte

ser mejor

¡Te pido que me dejes avanzar!

Porque esto no sólo depende de mí, sino también de ti. Si has decidido tu destino solo porque tu estúpido orgullo te impide el poderme perdonar, ¡déjalo ya!, avanza y no mires hacia atrás. No importa cuán rota me dejes. Déjame llevar mi duelo el tiempo que sea necesario, me conoces y sabes que me he de levantar. Sigue con el teatro de tu vida perfecta en la que yo no tengo cabida alguna.
¡Tengo que soltarte! Y comprender de una buena vez que nunca lucharás por mí como yo lo he hecho por ti. Tengo que aceptar de una maldita vez que tan sólo fuiste mi primer amor, el más perfecto e inigualable… El que no se ha de quedar en mi vida, tan sólo en mi corazón.

Prometo soltarte, y tú: ¿Prometes lo mismo?

Autor : Stepha Salcas



     Compartir         Compartir