De poder definir eso que llaman amor, diría que es igual que el mar, es inmenso, engañoso, y hay que tenerle respeto…

Así es como lograste sembrar el amor en mí, supongo que ante la ruptura, siempre nos aferramos como surfista a su tabla, por encontrar el culpable, y en esta ocasión la tabla de la culpa la lleva mi ingenuidad, esa inocencia sin malicia que presenté ante esa forma tuya de enamorarme.

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Estando juntos, sentí que estaba en medio del la inmensidad del mar, primero agusto, tranquila, feliz, pero poco a poco, vi como se levantaba la enorme ola de tu  indiferencia, a pesar que la ola crecía lento, no hice nada por evitar que me chocara de frente, y me sumergiera dando vueltas ahogada de mil palabras y sentimientos revueltos que jamás me dejaron salir  flote, hasta ahora.

Me ahogaba en el azul de tu mirada, sin darme cuenta el fondo rocoso que había en tu alma. Si tú estabas bien, todo a tu alrededor no importaba.

Eso, me lleva a pensar que el que dirigía esa tabla de mi culpa, eras tú, tú fuiste el surfista malicioso que me llevó a ser lo que no era, me perdí de ser quien soy por dejarme guiar, de frente directo y sin experiencia hacia esa ola que ni tú supiste tomar.

Ahora solo te culpo a ti, pues no tuviste las agallas para decir que pasaba, no quisiste hacerme entender que no me necesitabas en tu vida como yo llegué a necesitarte en la mía. Fuiste cobarde, el final de nuestra historia que do sobre entendida, pues no hubo dramas ni siquiera hubo palabras, solo te alejaste, de dispersaste en el viento, sin darte cuenta que ese aire era el que respiraba, así que te desvaneciste, sí, pero quedaste dentro, en mis pulmones en mi corazón, en mi alma.

Tu silencio era una constante, misma que dolió hasta que se convirtió en indiferencia, creo que esperé paciente porque algo me decía que saldrías de tu caparazón y te mostrarías ante mí como al principio, entero, completo, sin tapujos, sin misterio, pero no fue así.

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De nuevo me siento en ese mar tranquilo y en calma, pues ya deje ir tu recuerdo, de nuevo estoy enamorada, de nuevo me siento feliz en la inmensidad de ese mar de amor, pues ya hice las paces conmigo, ahora sé que el amor propio no debe pasar de moda. Ya no me interesa saber de quién fue la culpa, si fue mía, tu silencio no me dejó percatarme, si fue tuya, quizá por eso te alejaste.

Todo en esta vida deja un aprendizaje, por muy doloroso que sea, se que ya no dejare crecer la ola tanto como para que me derrumbe.

Si tu no supiste amarme, ahora sé que hay mucho amor dentro de mí como para desperdiciarlo en el mar de tu egoísta indiferencia.

 



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