Hoy he vuelto a derramar lágrimas pensando en lo sucedido. La verdad es que nunca me esperé que tú, precisamente tú, me podrías llegar a fallar. ¿Por qué lo hiciste? No lo sé, pero el daño ya está hecho y me duele bastante, porque tú eras una de las personas más importantes de mi vida. Al fin, me mudé de ciudad, y pensé que eso que me ayudaría a olvidar lo que pasó. Y por un tiempo pareció funcionar, pues esta nueva ciudad tan dura me transformó en una mujer diferente, pero hoy algo se movió dentro de mí, y entre la lluvia y aquellas fotos de Facebook que revisaba por la tarde, en las que nos veíamos tan contentas juntas, no pude más y me puse a llorar.

¿Por qué, amiga? ¿Por qué traicionaste de ese modo nuestra amistad? Quiero entenderlo, de verdad, pero no me cabe en la cabeza.

Quizá no tengas palabras, lo sé. Es muy probable que pienses que lo que hiciste no estuvo mal después de todo. Pero te pido que pienses si valió la pena perder nuestra amistad por ello.

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Me he metido a checar tus redes sociales y te veo muy diferente ahora. Estás tan cambiada que no reconozco a la chica que algún día fue mi mejor amiga. El tiempo no pasa en vano, bien lo dice el dicho. Quizá nuestro tiempo ya fue. Quizá nuestra amistad tenía fecha de caducidad.

Si algún día nos volvemos a encontrar, quiero que sepas que te he perdonado. No he olvidado lo que pasó y creo que jamás lo haré, pero siento que en mi corazón algo ha sanado y eso es muy importante para mí.

Quiero despedirme haciéndote una recomendación: Si algún día vuelves a encontrar una amistad fiel y verdadera como lo fue la nuestra, no la traiciones, por favor. No la destruyas, no le falles como lo hiciste conmigo.

Nadie se merece una traición así, ni siquiera tú.

 

Autor intelectual: Jessica Balseca



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