Ya perdiste la cuenta de los días que se fueron mientras llorabas en tu cama. Mientras llorabas a un amor que no pudo florecer, las razones pudieron haber sido muchas, en fin, de cualquier manera ya no fue.

Hiciste de tu cuarto una fortaleza impenetrable, tus únicas compañeras y consejeras: tu cama, tu almohada y uno que otro cojín. La noche te cae encima, pesa tanto que tus parpados ya no pueden moverse y por fin te quedas dormida. Duermes mientras ves como se desvanece la fuerza de tu mente y de tu corazón. ¿Qué obtienes de ese estado?

Te vuelves verdugo de tu propio cuerpo, no te permites probar bocado alguno, te fatigas pensando en cual pudo haber sido el error, se te olvida que tienes queridos a tu alrededor que quieren verte salir adelante, que por lo menos quieren verte salir de tu habitación.

Ya perdiste el control de tu sentir y no deseas ver a nadie, todo ha de ser razón para molestarte, dejas atrás a todos aquellos que están de pie frente a ti, esperando verte por lo menos reír. Te crees único, que en el mundo no hay alguien que comprenda tu dolor.

Comprende que la vida así es, da giros que uno jamás espera, pero da muchos y aunque te sientas a morir pronto tendrás un sin fin de oportunidades y no sólo eso, también de posibilidades. Pero primero date la oportunidad de verlos.

Los recuerdos son tu pan de cada día y pierdes los días preguntándote la razón de tal separación, preguntas que salió mal y en donde estuvo tu error. En cualquier caso ¿De qué te sirve ya? Si el tiempo ya pasó y más tardas en dejarlo pasar, que en abrirte a los nuevos pasos.

A lo mejor lo que falló fue la rutina, la indiferencia o la poca compatibilidad. En vez de darte topes contra el muro, analiza que provecho te deja aprender la vida ante cada circunstancia en la que ésta te pone.

El avance no viene acompañado con algún sedante que te ayude a soportarlo, aprender duele, recordar duele, cada vez que se recuerda, que se llora y duele cuando al fin te convences de dejar ir el pasado. Escuchar esa canción que te lo recuerda, ver alguna foto suya, la decepción de no encontrarlo cuando sales a la calle y si lo encuentras; duele más. Lastima que ya no esté a tu lado, que los días seguirán pasando y pasarán si él o ella. Sangraras por dentro, porque por fin te has convencido de olvidarle, hacer que se marche de tu mente, eso claro que duele. Puede que aún lo quieras, pero primero deberás preguntarte si esa actitud que tienes vale la pena.

As vezes só o que preciso é ficar sozinha aqui no meu quarto quieta ouvindo meus pensamentos e abrançando o meu travesseiro

Libérate de el sufrimiento, al fin y al cabo es sólo un suceso más en la vida de todo ser humano. Toma fuerzas para elevar esa ancla que has dejado en el tiempo y respira ese nuevo aire a esperanza que llega desde el cielo.

Si tienes ganas de lamentarte, hazlo pero que dure un corto tiempo, al final de cuentas la vida continuara y todos seguirán su curso, menos tú que has decidido quedarte atrapado en el tiempo.



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